Política

El ridículo de la SEP

  • Columna invitada
  • El ridículo de la SEP
  • Josué Becerra

M+.- Bien dicen que el mayor poder de la humanidad es el poder de decisión. En él se refleja la inteligencia, la capacidad de resolver problemas y el nivel de autoridad de quienes gobiernan. Las decisiones revelan preparación, sensibilidad y visión de futuro. Pero también exhiben improvisación, desconexión y falta de oficio político. En el caso de México, el reciente debate sobre el ajuste al calendario escolar terminó mostrando una preocupante incapacidad no sólo para educar, sino incluso para preguntar, consultar y medir las consecuencias sociales de una ocurrencia gubernamental.

La mayor pena ajena terminó cargándola el cuestionado secretario de Educación, Mario Delgado, entre declaraciones contradictorias, explicaciones atropelladas y rectificaciones públicas. Todo ello acompañado de los rostros incómodos de secretarios estatales y de un evidente llamado de atención presidencial tras la polvareda que provocó la intención de recortar el calendario escolar bajo el argumento de las altas temperaturas y la celebración del Mundial de Futbol de 2026. Vaya justificación.

Como si el calor extremo en el norte del país fuera un fenómeno desconocido o reciente. Como si Monterrey, Hermosillo o Mexicali apenas descubrieran que en verano las temperaturas son insoportables. Y todavía más absurdo: como si algunos partidos de futbol en tres ciudades fueran motivo suficiente para alterar la dinámica educativa y laboral de todo un país.

La pregunta inevitable es: ¿A quién intentaban convencer? Porque ni el magisterio fue consultado ni los padres de familia fueron tomados en cuenta. Una vez más, las decisiones parecieron tomarse desde el escritorio, lejos de la realidad cotidiana de millones de hogares mexicanos.

La molestia social no tardó en aparecer. Las matemáticas y la empatía no suelen ser fortalezas de muchos políticos. Dejar a millones de niños y adolescentes más de 90 días en casa representa un problema mayúsculo para familias donde ambos padres trabajan, para madres solteras o para abuelos que terminan absorbiendo responsabilidades adicionales. Porque aunque a muchos funcionarios les incomode reconocerlo, las escuelas cumplen también una función social de resguardo, formación y estabilidad familiar.

Al final, después de días de confusión, declaraciones cruzadas y críticas generalizadas, la solución fue trasladar la responsabilidad a los estados para que cada entidad ajuste el calendario conforme a sus condiciones climáticas y locales. Es decir, el Gobierno federal reculó.

En el argot periodístico podría pensarse que todo este ir y venir fue una cortina de humo para distraer la conversación pública. Pero ni siquiera alcanzó para eso. La realidad parece mucho más simple y preocupante: el secretario de Educación se fue de boca y el Gobierno terminó atrapado en su propia improvisación.


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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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