Amanda Howard es una escritora de libros de crimen verdadero que en los 14 años recientes ha publicado 23 libros, conduce el programa Studio 10 en Televisión Australiana y aparece regularmente en documentales internacionales, donde ha compartido sus opiniones en torno a asesinos seriales famosos como Jack el Destripador.
Sin embargo, Howard también tiene un oficio peculiar: intercambia cartas con personas de varias partes del mundo, la mayoría prominentes asesinos seriales. Ella acepta que ha recibido centenas de misivas, la mayoría en sobres económicos, pero también en cajas de cartón y madera que, por “sanidad mental”, no conserva.
“Hay algunas cosas que no quieres mirar y tener alrededor”, señala Howard en referencia a los paquetes que los asesinos le hacen llegar. “De por sí”, continúa, “en ocasiones es bastante horrible pensar que estoy escribiendo sobre un tipo de persona que han matado a otras”.
Solo que las cartas en ocasiones llegan acompañadas con otro tipo de propuestas: solicitudes e insinuaciones; por ejemplo, alguien le envió la máscara mortuoria del bandolero social Ned Kelly, ejecutado en 1880. En otra ocasión, Bobby Joe Long envió a Howard un paquete con un mechón de cabello y varias cartas escritas meticulosamente a mano y rociadas con agua de colonia barata.
El señor Long, ejecutado apenas el 23 de mayo pasado en la Prisión Estatal de Florida, E.U., sembró el terror durante ocho meses de 1984, en los que asesinó al menos a 10 mujeres en el área de la Bahía de Tampa.
En realidad, la paquetería enviada por Long a Howard fue una de las dos solicitudes de matrimonio que ha recibido —y rechazado— la escritora. De la otra petición, la mujer prefiere mantener el misterio.
Howard lleva 25 años coleccionado y respondiendo misivas, práctica que comenzó cuando tenía 20 años.
Ivan Milat, quien acabó con la vida de siete jóvenes (hombres y mujeres) excursionistas entre 1989 y 1993 en Nueva Gales del Sur, Australia, fue con quien Howard inauguró su intercambio epistolar. Hasta la fecha continúa la comunicación entre homicida y escritora, tiempo en el que Milat sostiene el discurso de que es inocente.
Asimismo, Howard conserva la única carta que le envió Jeffrey Dahmer, El Caníbal de Milwaukee, emitida poco antes de que un compañero de prisión machacara a golpes la cabeza del célebre criminal estadunidense.
Para la señora Howard, todos los homicidas con los que se ha carteado “son muy interesantes”. Sin embargo, un individuo que la perturbó fue Arthur Shawcross, El Asesino del Río Genesee, locación en Rochester, Nueva York.
En 1972, Shawcross violó y asesinó a un niño de 10 años y, posteriormente, a una niña de ocho, por lo que fue condenado a 25 años de prisión, de los cuales cumplió 14 antes de quedar libre.
Solo que el hombre tenía una fuerte adicción por matar y pronto volvió a practicar su pasatiempo favorito, esta vez asesinando y canibalizando a 12 mujeres.
En su intercambio de cartas, Shawcross envió a Howard un recipiente. “En él guardé uno de mis principales ingredientes”, escribió el sujeto. Howard se deshizo de inmediato del regalo y prefirió no preguntar a qué ingredientes se refería el predador.
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