Les llamaron Medusas. Durante los primeros años de gestión de la reina Victoria de Inglaterra (1819-1901), algunas mujeres irrumpieron en la sociedad inglesa a través de actos de violencia aparentemente pasiva que culminaron en asesinatos.
La prensa, el público, las autoridades y la sociedad en general mostraban azoro ante la nueva actitud de mujeres que “albergaban” impulsos homicidas.
Los periódicos de la época se cebaron en el sensacionalismo de unas damas, esos “monstruos fríos” que tenían en sus manos un arma novedosa y acaso infalible: la taza de té con veneno. El asombro de los hombres lo alimentaba la incredulidad de que las Medusas traicionaran la confianza de sus seres queridos, pues eran ellos quienes, en caso de morir, dejaban como herederas de sus bienes a sus victimarias.
A pesar de todo, las Medusas de la época victoriana fueron golondrinas que no hicieron verano ya que, de acuerdo con estadísticas de un estudio de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (Unodc) publicado en 2014, casi 95 por ciento de los homicidas a escala global son hombres. Según este documento, cinco por ciento corresponde a las asesinas seriales.
Este año el Reporte Gitnux (gitnux.org/female-serial-killer-statistics/) muestra que la edad promedio de las delincuentes seriales al cometer su primer asesinato es 31 años; 62 por ciento son mujeres blancas y 45 por ciento de este tipo de delincuentes nació en la década de los años 50.
De 1900 a 2000 sólo hubo 56 muertes perpetradas por asesinas seriales en Estados Unidos. El veneno se utilizó en 55 por ciento de los asesinatos cometidos por seriales, mientras que las armas de fuego sólo fueron utilizadas por seis por ciento.
En general, los motivos financieros están presentes en las asesinas seriales. Sólo 18 por ciento de las muertes de este tipo es perpetrado por gratificación sexual. Llama la atención que 60 por ciento de las víctimas son mujeres y 42 por ciento, individuos menores de 12 años.