Contrario a lo que mucha gente cree, los travestis no representan un grupo violento a pesar de que se les ha asociado a episodios de asesinato serial. El personaje Buffalo Bill del libro y la película El silencio de los inocentes, por ejemplo, hicieron un mal favor a esa comunidad al retratar a un asesino hiperviolento que mata mujeres para confeccionar una prenda femenina con su piel.
De acuerdo con especialistas, la violencia en el individuo criminal tiene que ver con capítulos en los que está presente el abuso sexual y el maltrato verbal extremo.
“Existe otra forma de abuso que parece ocurrir con frecuencia en la infancia del asesino: el travestismo forzado, es decir, ser obligado a usar vestidos, ser llamado por nombres femeninos e incluso ser presentado a otros en estas circunstancias”, según Wikipedia.
En mis entregas anteriores, poco o nada me he referido a dos asesinos seriales con traumas profundos: David Russell Williams y Hadden Clark.
El primero es un excoronel de la Real Fuerza Aérea Canadiense que a finales de enero de 2010 fue detenido por la muerte de Jessica Lloyd. También confesó el asesinato de la cabo Marie-France Comeau. Además, la policía encontró evidencias de su irrupción en al menos 82 domicilios, de donde sustrajo ropa interior de mujeres y niñas que vestía en la intimidad de su casa.
El estadunidense Hadden Clark cumple dos condenas de 30 años por los asesinatos de Michele Lee Dorr en 1986, y Laura Houghteling, de 23 años, en 1992.
Miembro de una familia disfuncional, cuando estaba ebria, su madre lo vestía con ropa de niña y lo llamaba Kristen.
El 31 de mayo de 1986, Hadden asesinó a Dorr, de seis años, rebanándole la garganta, para beber su sangre y devorar su carne.
A mediados de octubre de 1992, el criminal acabó con la vida de Houghteling, de 23 años, pero dejó una huella en la funda de una almohada. En el intento infructuoso por recuperar esa evidencia, Hadden regresó al lugar del crimen vestido con una peluca y ropa de mujer. La huella condujo al arresto de Hadden, quien paga sus condenas en la Institución Correccional del Este, en Maryland.