Para los alquimistas una de sus premisas fundamentales era obtener el conocimiento secreto y oculto que llevara a transformar cualquier metal (el mercurio en primer lugar) en oro. Con todo respeto para los que practicaron alquimia en el pasado, y a lo mejor la practican hoy en día, y sin que pretenda ser un símil -de ninguna manera, sino simplemente usar la palabra para denotar un hecho- en esta ocasión la usaré para escribir algunas reflexiones sobre la candidata del Frente Amplio por México: Bertha Xóchitl Gálvez Ruiz.
Xóchitl Gálvez ha sido transmutada (desde la perspectiva de cualquier alquimista) de una militante panista con vocación derechista -sus orígenes, su historia y sus cargos obtenidos gracias al Partido Acción Nacional así lo muestran- en la solución de todos los problemas que los antiobradoristas ven para México, en especial la no continuación de la 4T en el poder. De ser “mercurio” la quieren vender y hacer ver como “oro”. Veamos por qué.
Surgida de la chistera del mago presidente Vicente Fox en el arranque de su gobierno, gracias un equipo de reclutadores profesionales (“head hunters” les decían) emergió como Comisionada Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas. Nos dijeron que por tener ascendientes otomíes hidalguenses era perfecta para trabajar el tema de política pública de los indígenas. En su biografía en internet dice que sus abuelos y padres hablaban “hñahñu”, derivación del otomí.
De vender gelatinas, pasó a estudiar una carrera profesional en la UNAM muchos años después (la de ingeniería en computación). De rentar un cuarto de azotea en Iztapalapa, pasó a ser propietaria de numerosos inmuebles en la ciudad de México. De no tener para costear sus gastos educativos pasó a manejar la friolera de $1,500 millones de pesos en ingresos de sus empresas en un periodo de seis años (lo dijo el presidente y lo confirmo ella).
De estar en la iniciativa privada pasó al servicio público. Dicharachera y de sonrisa impostada. Fue jefa delegacional en Miguel Hidalgo en 2015-2018 y actualmente es senadora. Todo su desempeño público en veinte años ha sido bajo el cobijo del PAN, el partido conservador en México. Hasta ahí todo claro y a la luz del día. Pero la transmutación viene cuando en un inacabado proceso de selección interna del frente amplio (nunca lo terminaron, dado que nunca fue electa por las bases partidistas inscritas para ello, sino por las cúpulas políticas y económicas enfrentadas a Morena), previo bajón que le dieron a Beatriz Paredes.
La alquimia resultó perfecta. El PAN tiene candidata en el frente amplio. ¿Pero qué pasa con el PRI y el PRD? Ha sido transmutada también en candidata de la militancia de estos partidos. Una panista convertida en candidata del PRI (grave problema para su militancia) y del PRD. ¡Increíble! Toda la historia previa, toda la competencia electoral posible entre estas franquicias echada por la borda. Ahora por decisión de Rafael Alejandro Moreno Cárdenas (Alito), los priistas (sin acento según el lingüista José G. Moreno de Alba) tienen de una sola sopa: Xóchitl Gálvez, bajo la insignia del PRI, en la boleta electoral. ¡Una panista siendo la máxima abanderada del PRI! La transmutación del mercurio en oro, la alquimia en su máxima expresión. (Hablar del PRD es hablar de la nada como partido en extinción, dado que casi todos sus militantes migraron a Morena). Y todo para enfrentar a un hombre en el pode,r con un partido que a veces parece no serlo.
Les he preguntado a algunos militantes del PRI que piensan de esto y me responden sin ambages que, si alguna vez votaron por José Antonio Meade, no tendrían problema en hacerlo hoy por Xóchitl Gálvez (sin dilema). Y me asombra verlos vestidos de Merlín el mago: alquimia pura, para enfrentar al partido dominante. El problema viene de que les venden oro por espejitos, como a los indígenas a la llegada de los españoles a América.
Alquimia renovada el día de ayer cuando ha señalado que posiblemente tendrá como voceros de su precampaña y luego campaña entre otros a Kenia López Rabadán, Marcela Guerra, Emilio Álvarez Icaza, Germán Martínez Cazares y al “finísimo” y “cultivado” político panista Javier Lozano, que para hablar y escribir con “estilo” se pinta solo.
Y sí: la misma precandidata Xóchitl Gálvez se encarga de recordarlo a diario: aunque la “pendejié” (verbalizando la palabra) como lo dijo y externó con claridad; que no quiere “ni huevones, ni rateros, ni pendejos” en su campaña, ni en su gobierno –en caso de que gané- pero la situación se complica porque como ella si “tiene muchos huevos” (al parecer desayuna diario producto de gallina) por que una mujer biológicamente cuenta con ovarios; entonces no permitirá que se le acerquen un número muy crecido y alto de panistas y priistas; y pocos perredistas –que tienen fama pública y notoria de lo que no quiere-. Menudo problema y tremenda transformación alquímica.