Ciudad de México /
El marido presume de que no es pachorrudo, que le toma diez minutos arreglarse e irse a la chamba. La pachorruda, queda implícito, es la esposa que necesita dos horas para arreglarse.
Ciertamente es más tardado el arreglo matutino de la mujer. Pero, además, tiene otras tareas inevitables.
Despertar, bañar y vestir a los niños, darles de desayunar, revisarles la tarea, ponerles el lonche.
Llevarlos a uno de tres destinos: la escuela, la guardería, la casa de la abuela.
Eso sí, llegando a la oficina la adula un compañero diciéndole “tienes ojos de ensueño”.
Ni para que aclararle que son ojos de sueño; del sueño diferido, más su cansancio crónico. Por pachorruda.
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