El concepto de sociedad civil se ha convertido en un referente universal tanto para los actores sociales como para los analistas de los fenómenos políticos globales y de todos los países del mundo.
Desde la década de los noventa surge en México la idea de la sociedad civil que expresa la emergencia de una voluntad colectiva antiautoritaria y el abandono de fundamentalismos políticos rebasados por la historia.
Se aborda este tema frente a las declaraciones del puntero presidencial ante el colectivo de Milenio Televisión cuando cuestiona a las llamadas organizaciones de la sociedad civil:
“Le tengo mucha desconfianza a todo lo que llaman sociedad civil o iniciativas independientes…
Es un parapeto en el mejor de los casos, supuestamente promovido por la sociedad civil, independiente”.
La reacción no se hizo esperar, 21 organizaciones reprocharon públicamente a AMLO su desprecio al activismo de los ciudadanos organizados y advirtieron que desconfiar de la sociedad civil equivale a despreciar la voluntad y la iniciativa de hombres y mujeres que no se quedan pasivos ante la injusticia, la opacidad, el mal gobierno y la desigualdad.
Aseguraron que “suponer que solo la autoridad del Presidente o del gobierno, sin la participación de los ciudadanos puede encarar problemas como la inseguridad y la corrupción, es una peligrosa ingenuidad que solo agravará la crisis actual” recordándole que solo los regímenes autocráticos perciben como amenaza al orden y la estabilidad la participación cívica de la sociedad.
Abundan militantes partidarios que lucran con la cachucha de organizaciones no gubernamentales pero esa conducta de algunos no justifica la descalificación ofensiva al trabajo que realiza la sociedad civil. El fondo es que AMLO es fiel al esquema autoritario y corporativo del pasado, de ahí su voto “a mano alzada” y su alianza con la CNTE y con personajes controvertidos como Elba Esther Gordillo y Napoleón Gómez Urrutia.
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