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Martes , 21.05.2019 / 16:14 Hoy

La Feria

Legado inolvidable

Jorge Souza Jauffred

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Hace unos días, el 20 de febrero, Hugo Gutiérrez Vega hubiera cumplido 85 años. Uno más que lo que prevé la esperanza de vida para los varones en este momento. El poeta tapatío nos había dejado el 25 de septiembre de 2015, y poco más de un año después, su esposa Lucinda Ruiz, su compañera durante medio siglo, perdió la batalla contra el cáncer y lo siguió al territorio de lo inescrutable.

El día de su cumpleaños, algunos de sus más cercanos amigos lo recordamos como una presencia que no puede borrarse; como aquel hombre sabio, encantador y digno que nos enseñó a vivir y a transitar los caminos de la poesía; y a morir cobijado por sus alas inabarcables. No obstante, el legado del tapatío no se reduce al ámbito de la poesía. Imposible olvidar su postura, siempre crítica, siempre contestaría ante los abusos del poder. Sus palabras tranquilas cayendo sobre los corazones, cuando denunciaba —sin gritos ni aspavientos, pero con la firmeza de la convicción— el saqueo al país, el cinismo del gobierno, la desigualdad y la inequidad, el abandono de los que menos tienen. Con aquella voz, sólida y amable, Gutiérrez Vega nos envolvía con su poesía, nos arrobaba con su prodigiosa memoria y nos deslumbraba con su conocimiento del mapa artístico y literario del mundo.

Poeta y diplomático, hombre de teatro, periodista de la cultura, ensayista, miembro de la Academia Mexicana de la Lengua y del Seminario de Cultura Mexicana, Hugo se hizo acreedor a los principales reconocimientos que otorgan México y otros países a los hombres de letras.

Su vida fue un viaje constante por los países que recorrió en sus cargos oficiales, pero también por los caminos de las letras: un viaje interminable en donde los adioses fueron constantes: “No somos más que un pañuelo/ agitado por el viento de los muelles./ Nuestro deseo es llegar/ pero siempre nos vamos”, escribió en uno de sus más lúcidos poemas. Siempre, ay, dejamos atrás, a cada paso, aquello que amamos y deseamos.

Hugo no sólo fue un viajero de la vida; también lo fue del sueño. Vinculó la existencia con la ensoñación y les otorgó un estatuto similar. “¿No terminará nunca la galería del sueño?/ ¿Qué hay detrás de este andar sin ver caminos?/ ¿Dónde se detendrán nuestras palabras?”, escribió. Sueño y vigilia, senderos de la existencia humana.Hoy Hugo ya no está con nosotros. Hugo ha partido. Supe que el día de su deceso, por la mañana, Hugo recibió la visita de un sacerdote con quien habló de cuestiones cotidianas como la política y la situación del país.

No hubo ninguna queja. Aquel intelectual, aún no valorado cabalmente, dejó la vida esa noche y, sin embargo, seguirá siempre con nosotros. Por ello, en su cumpleaños, Paty Rosas, Carmen Villoro, Alfredo Ortega, Joel Juan Qui y otros amigos lo recordamos y dimos lectura, con su ausencia clavada en el corazón, a algunos de sus poemas memorables.

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