¿Qué hago yo para justificar mi paso por el mundo? La respuesta a esta angustiosa pregunta, que se hace cualquier cuerpo pensante en algún momento de su existencia, palpita en un célebre diálogo de la Ilíada.
Ahora que todo el mundo habla compulsivamente, y por motivos radicalmente ajenos al poema, de la Odisea, a mí me da por revisitar la Ilíada.
En una habitación del palacio, Andrómaca le pide Héctor, el príncipe de Troya que es su marido, que no salga otra vez al campo de batalla, donde lo esperan sus soldados: “Compadécete ahora y quédate aquí, sobre la torre. No dejes a tu niño huérfano, ni viuda a tu mujer”. Héctor no se conmueve con la súplica de Andrómaca, tiene que ponerse al frente de su ejército, que ya lo espera y, antes de retirarse, coge a su hijo en brazos y le pide a Zeus que el niño sea intrépido y fuerte como él, y que en el futuro se diga, “es mucho mejor que su padre”.
En este deseo de Héctor, que es el fundamento de la paternidad, está una de las respuestas a esa angustiosa pregunta que, formulada de otra manera, sería: ¿qué es una vida plena?, ¿una vida digna de ser vivida?
Héctor le pide a Zeus que su hijo sea mucho mejor que él, lo cual es, en realidad, una tarea para el hijo, porque ser mejor que su padre es un esfuerzo que él debe hacer.
La vida que vale la pena, parece que nos dice Homero, es la de la persona que hace algo importante con la inteligencia, el talento, el privilegio o el don que le tocó en suerte al nacer. Esta sería la vida que Héctor le pide a Zeus para su hijo, que sea mucho mejor que él, cosa que necesariamente implica inteligencia y lucidez para poner permanentemente su vida a examen.
En otro momento, muchos años más tarde, Aristóteles disecciona el deseo del príncipe de Troya, con esta idea que extraigo, parafraseando, de su Metafísica y de su Ética a Nicómaco: nacer con un talento es sólo poseer una potencia. La vida plena consiste en transformar esa potencia en acto, a través de la práctica y el hábito. Lo importante es lo que haces con lo que te ha tocado; eso es lo que justifica nuestro paso por el mundo.