La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) presentó en la UNAM su informe “Rupturas y Oportunidades: Propuestas para América Latina y el Caribe”. Es un documento que invita a mirar más allá de la coyuntura y a pensar estratégicamente el futuro de la región. El título es revelador: vivimos un tiempo de quiebres profundos, pero también de posibilidades inéditas.
Las rupturas son evidentes. La crisis climática se acelera y amenaza con desbordar las capacidades institucionales; las tensiones geopolíticas fragmentan cadenas de suministro y redefinen alianzas; y la desigualdad persiste como herida estructural que limita el desarrollo. A ello se suma la transición tecnológica, que representa un riesgo de ampliar brechas si no se acompaña de políticas inclusivas.
Pero el informe no se detiene en el diagnóstico. Señala oportunidades que pueden convertirse en palancas de transformación: la reindustrialización verde; la integración regional; y nuevas formas de gobernanza que fortalecen las capacidades estatales para generar políticas de largo plazo.
La voz de Michelle Bachelet, copresidenta de la Comisión sobre Geopolítica, Globalización y Desarrollo de la Cepal, fue un recordatorio de peso: “El mundo cambió y los países de América Latina y el Caribe tienen muchos activos que el orbe necesita”. Recursos naturales, talento humano y un poder blando cultural invaluable. Pero su advertencia fue igual de contundente: “Convertir esos activos en desarrollo no ocurrirá de forma automática; se necesitan estrategias claras, instituciones fuertes y gobernanza efectiva”.
José Manuel Salazar-Xirinachs, secretario ejecutivo de la Cepal, profundizó en el origen de este esfuerzo. No se trata, explicó, solo de reconocer las rupturas, sino de dotar a los países de instrumentos para enfrentarlas con visión de futuro.
México no es ajeno a esta agenda. Para estados como Tamaulipas, con su enorme potencial productivo, la oportunidad es clara: transformar las turbulencias globales en motores de desarrollo local. En ese contexto, la colaboración con la Cepal abre posibilidades para contribuir a la superación de los desafíos nacionales como el bajo crecimiento, las desigualdades y la debilidad institucional.
El mensaje central de este informe es que la región no puede limitarse a sobrevivir las crisis. La invitación es a diseñar políticas públicas con visión de futuro, capaces de convertir la incertidumbre en una hoja de ruta. Esa es la gran oportunidad que tenemos por delante, hacer estas rupturas el punto de partida para un desarrollo duradero, ecológico, incluyente e innovador.