De acuerdo a nuestra historia democrática, de 1919 para acá, cuando se fundó lo que hoy se llama, con el devenir de muchos años, el partido institucional revolucionario, iniciamos un proceso para la democracia, en muchas ocasiones, muy tortuoso, con muchas incertidumbres, con demasiadas simulaciones. Pero el país, tercamente, hizo avances en esa tarea. Cuando Jesús Reyes Heroles, en tiempos de López Portillo, hizo avances considerables, la democracia respiró aires nuevos.
Se pudieron ver diputados de oposición en el Congreso. Pero aún había muchos problemas que resolver. El gobierno era el árbitro de las elecciones. En 1994, la irrupción del EZLN, obligó a otro avance, pero con muchos problemas aún por verse. Pronto se “ciudadanizó” la máxima instancia electoral encabezada por José Woldemberg. Se dieron hechos democráticos que llenaron de gusto.
Pero aún el camino para la democracia sigue siendo tortuoso y tormentoso. La pobreza de la gente es el ingrediente más débil para fincar una democracia, que no alcanza a ser por valores. A falta de valores se usan despensas, tinacos, material de construcción y promesas de los candidatos que no son factibles pero que la gente se las cree por su falta de información y de formación; los partidos políticos convertidos de beneficencia social, hasta el grado de que nadie ve impropio el que un ciudadano pregunte ¿y este partido que es lo que da?
La democracia ha ocupado el lugar de mercado de ofertas donde no importa lo que los candidatos a puestos populares digan o representen. El poder municipal, estatal y federal se le conoce como nido de corrupción y cuando atrapan al corruptos, algunas veces por presión popular o de la prensa, para que llegue a tribunales le falta un camino inmenso, porque el corrupto, se dice inocente, señalado por tal, se dice, por problemas políticos, y mientras no llegan a la cárcel, hasta los más cínicos se proponen como candidatos para puestos de elección popular, acreditados “por su amor al pueblo”. ¡Hágame usted el megalómano favor!
No cabe duda que sí se ha avanzado en caminos de democracia, pero tampoco cabe duda que los retrocesos más burdos se han estado dando en estas semanas. Esto no debe quitar ánimos a quienes luchan porque a pesar de todo, esto debe cambiar. No vale la pena que el pueblo sea la burla de los poderosos, esos que son tan nobles que dan despensas y más chucherías, porque no buscan servir al pueblo, sino servirse del pueblo.
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