La Cuaresma que ya llegó, entre otros eventos que nos la recuerdan, el cambio de dieta alimenticia: en las mesas de familia y en los restoranes, hay pescado, nopalitos en variadisimos preparados, torrejas, las muchas capirotadas en las que se lucen los que preparan comidas.
El ayuno no preocupa porque se suele practicar más por guardar la línea que por motivos religiosos; la limosna casi no duele porque se da poco y, además, no faltan personas que en las puertas de los templos estén pidiendo para vivir.
¡Qué triste Cuaresma cuando se reduce a lo dicho! La Cuaresma es un tiempo que la liturgia le llama “tiempo fuerte” que llama a la conversión: cambio de modo de pensar y cambio de modo de querer, para que el penar y el querer de un creyente esté conforme al Evangelio y no conforme a los criterios del mundo, sobre todo en este tiempo de mentiras y de planteamientos sesgados que eliminan las necesidades de los pobres, y se les tortura sin remordimiento de conciencia.
Conocedores de la pastoral litúrgica señalan la Cuaresma como un proceso que lleva a la fiesta central de los cristianos que es la Resurrección de Cristo.
Dicen estos: las dos primeras semanas de cuaresma son para meditar el mundo amplio del pecado, que a todos nos rodea; la tercera y cuarta semana son para la reflexión personal y comunitaria, que vive en oración, en reflexión, en ejercicios espirituales para acomodar nuestra vida a lo que ordena la Palabra de Dios. El Evangelio.
Dicen los aludidos, que la quinta semana es para la reconciliación, tiempo en el que se celebra la penitencia, como una fiesta de reconciliación, como vuelta al Padre misericordioso.
Se sugiere que ya no se pida Confesiones en Semana Santa y que la fiesta de Pascua se celebre como un solo domingo de cincuenta días.
Pero este proyecto pastoral no por ser tan bello es tan practicado.
La gente corre en Semana Santa a las costas, las albercas, los lugares de paseo, y no es pecado, nada más que se trata de la Semana Santa y vacacionar no está tan justificado para celebrar lo que llamamos días santos.
Obramos como si no hubiera guerras, como sin un bribón del mundo hiciera bien con apoderarse de lo que no es suyo, deshacer los mapas del mundo y ejercer un mando mundial con impunidad.
Luego nos preguntamos ¿qué podemos hacer?
Es que estos desórdenes comienzan en nuestro corazón desordenado.