Estamos a vísperas de festejos con nombres que funcionan como máximas del tabú; sin fundamentos se exige un respeto que no se dan a sí mismos.
Los colores del arcoíris están eclipsando la lluvia de peticiones calladas por el hambre de atención.
La sociedad se disgusta de lo que se vive, porque ya no hay oportunidad de demandar, solo de enseñar.
El siglo XXI formó a una sociedad plástica y superficial. No solo se ha convertido el activismo en una manera de buscar atención, sino que las palabras que antes funcionaban como frases de guerra ahora carecen de sentido.
Le pregunto, estimado lector, ¿qué dicen esas “marchas” de orgullo? ¿Orgullo de qué?
¿De una comunidad que no ha demostrado más que cánticos sin poetas, marginados sin defensa? Antes las marchas iban al Palacio Nacional, gritando por derechos, por eficacia y visibilidad de una comunidad marginada, maltratada y perseguida.
Ahora, solo va por una calle, y se ve un desfile con desnudos a plena luz del día sobre un camión con logos de marcas hipócritas.
Ninguna marca trajo la marcha. Vergüenza debería dar a aquellos pseudo-influencers que osan subirse a camiones con nombres de marcas como si aquellas fueran las culpables de la posibilidad que las sexualidades se premien, o de alguna manera, se disfruten.
Este síntoma del capitalismo tardío traiciona y es hipócrita con la naturaleza izquierdista que tiene exigir un derecho.
¿Cómo se atreve Coca-Cola a pintarse de arcoíris, cuando no ofrece alguna protección a favor de sus empleados transgénero?
¿El gobierno, como permite dejar a la comunidad una fiesta, cuando calla a aquellos que denuncian crímenes de odio?
No hay, ni quien grite, y mucho menos quien escuche. La sociedad ha cubierto sus oídos, pues aquellos que debían gritar ahora están cantando, ignorando el problema que persiste. Por lo tanto, la marcha no importa.
El desfile comienza, cuando la denigración mancha de sangre a la comunidad.
Lo peor llega cuando la amenaza recae y, tristemente, ya no hay quien nos defienda. Salga a la calle y proteste por quien es, la revolución no ha terminado.
El pueblo sigue siendo perseguido, y el libro aún no se cierra.