Política

El G7 frente al espejo de Trump

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  • El G7 frente al espejo de Trump
  • Javier García Bejos

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La cumbre celebrada en Évian, Francia, dejó una sensación difícil de ignorar. Mientras Europa intenta preservar la unidad occidental frente a desafíos como Ucrania, China, la inteligencia artificial o la inestabilidad en Medio Oriente, Donald Trump volvió a ocupar el centro de la escena. No necesariamente por las propuestas presentadas, sino porque gran parte de la agenda pareció diseñada para evitar un conflicto con él. Incluso el presidente francés, Emmanuel Macron, adaptó horarios y prioridades con el objetivo de mantener a Estados Unidos dentro de la conversación.

Esa es quizá la señal más reveladora sobre el estado actual del G7. La principal preocupación de sus integrantes ya no es cómo responder a los problemas del mundo, sino cómo gestionar la incertidumbre que representa el propio liderazgo estadounidense. El problema no es únicamente Trump como individuo, sino el fenómeno político que encarna. El trumpismo ha convertido el multilateralismo en una negociación transaccional donde las alianzas históricas valen menos que los intereses inmediatos. Los socios son competidores comerciales; los acuerdos, herramientas temporales; y las instituciones, obstáculos antes que activos estratégicos.

La pregunta de fondo es si el acuerdo atlántico puede sobrevivir a esta transformación. La respuesta corta es sí, pero no en la forma que conocimos durante las últimas siete décadas. La relación entre Estados Unidos y Europa descansa sobre intereses demasiado profundos para desaparecer de la noche a la mañana: comercio, defensa, inteligencia, inversiones y seguridad nuclear. Sin embargo, la confianza política que sostenía esa arquitectura se está erosionando. Cada amenaza arancelaria, cada cuestionamiento a la OTAN y cada gesto unilateral de Washington obliga a los europeos a preguntarse cuánto tiempo más pueden depender de una potencia que parece reconsiderar permanentemente sus compromisos.

Paradójicamente, el principal legado de Trump podría ser una Europa más autónoma. Alemania, Francia y otros actores europeos llevan años hablando de soberanía estratégica, pero nunca habían tenido tantos incentivos para convertir ese discurso en política pública. Lo que comenzó como una reacción temporal a Trump amenaza con convertirse en una reconfiguración permanente del orden occidental.

El problema para el G7 es aún más profundo. Cuando fue creado en la década de 1970, representaba a las economías dominantes del planeta. Hoy concentra una proporción cada vez menor de la población mundial y una participación decreciente del crecimiento económico global y aunque sigue teniendo un poder blando relevante, a la parte europea cada vez más se le asocia con el pasado. Además, China no está en la mesa. India tampoco es miembro. Brasil, Sudáfrica o Indonesia observan desde fuera. En consecuencia, el grupo corre el riesgo de convertirse en un espacio donde las democracias “avanzadas” conversan entre sí mientras el centro de gravedad económico y político del mundo se desplaza hacia otros lugares.

Por eso la discusión sobre el futuro del G7 no es únicamente institucional. Es existencial. ¿Puede seguir siendo relevante un foro cuya principal potencia cuestiona las reglas que ayudó a construir? ¿Puede liderar Occidente cuando Occidente ya no parece tener claro qué significa ser Occidente?

La cumbre de Évian no respondió esas preguntas. Pero sí dejó una conclusión inquietante: el desafío más importante para el G7 ya no proviene de Rusia, China o Irán. Proviene de la creciente distancia entre Estados Unidos y sus aliados tradicionales. Y si esa brecha continúa ampliándose, el verdadero riesgo no es que desaparezca el G7. El riesgo es que sobreviva únicamente como una ceremonia diplomática, una fotografía anual de un orden internacional que ya dejó de existir.


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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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