Una tarde de cine, una función de teatro, un concierto, una visita a un museo, actividades de esparcimiento del espíritu y del intelecto, vitales para cualquier sociedad, han evidenciado su total vulnerabilidad en el último año. El sector creativo, en todo el mundo, ha buscado de manera desesperada alternativas para sobrevivir y adaptarse a una realidad que le complica el panorama.
Hablo sobre esto porque sin las diferentes expresiones artísticas, estos momentos de confinamiento total o parcial habrían sido insoportables. Se ha escrito y estudiado mucho sobre el impacto positivo que la literatura, la música, el cine y otras manifestaciones artísticas han tenido en este encierro obligado. La propia UNESCO ha instado a que entre los planes de recuperación económica se incluya al arte y la cultura.
El hecho de estar 24 horas en un mismo espacio, con poca o nula convivencia, dependiendo del caso de cada quien, o incluso con demasiadas personas en un espacio de proporciones reducidas, puede conducir a cualquiera al borde de la locura. Nuestra mente necesita despejarse y olvidarse por un momento de la realidad, que pueda llegar a ser terrible y atemorizante.
No imagino los días de pandemia sin escuchar un buen disco, disfrutar de una lectura o pasar un fin de semana viendo películas o series, en solitario o acompañado. En ese sentido, pienso también en aquellos que viven de cada una de estas manifestaciones y en la terrible situación en la que esta pandemia los ha colocado.
Vivir del movimiento y expresión de tu cuerpo y no poder hacerlo plenamente, vivir de tu voz y no poder alzarla en un escenario, debe ser terrible. Ahí creo que los escritores la tuvieron más sencilla… sólo un poco.
Por ello, considero que el consumo de estos productos artísticos no debería ser subestimado. El arte y la cultura juegan un papel fundamental en el desarrollo de los seres humanos, y no en el sentido moralista. Vaya, el hecho de leer libros o ir al cine no nos hace necesariamente mejores personas, ese es otro tema. Pero la alimentación constante al intelecto, a la creatividad sí que ayudan a las sociedades.
El arte, no es una regla, suele hacernos seres más sensibles. El cultivo del intelecto y el desarrollo del pensamiento abstracto nos ayudan a resolver problemas de la cotidianeidad y a ser mucho más despiertos frente a diversas problemáticas. Aunque insisto, esto no es una regla ni una receta mágica.
Vivimos tiempos aciagos no solo por la pandemia. La violencia, la política, incluso nuestros problemas y coyunturas personales pueden no ser los mejores alicientes, sin embargo, siempre hay una canción, una pintura o una película que nos sirve de fugaz pero reconfortante vía de escape, y eso siempre se agradece.