Política

Vecinos distantes

  • Ekos
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  • Javier García Bejos

La relación entre Estados Unidos y México ha sido siempre profundamente compleja. La frontera común y la necesidad mutua fue transformando poco a poco el rostro de la cooperación y el diálogo entre países, para dar paso en la década de los noventa al TLCAN como una inequívoca señal de futuro compartido. Desde entonces, la relación ha vivido episodios marcados por la personalidad de los líderes de cada país. Zedillo con Clinton logró condiciones para superar la crisis del 94, Fox se equivocó cuando el 9-11 y no actuó a la altura de la circunstancia, Calderón puso en el centro de la relación la agenda narcotráfico-seguridad, mientras que Peña Nieto trató reconstruir con Obama, pero se topó el final con Trump. El presidente estadounidense puso a la relación bilateral en una posición compleja, entre muros, amenazas y rupturas; al final, la renegociación del TLCAN se convirtió en el TMEC.

López Obrador y Trump no se conocen, pero se han sobrellevado. Contrario a su espíritu combativo, el Presidente de México ha parecido en exceso complaciente con Trump, quien a su vez dejó de amagar a México cuando decidimos poner el muro pagado por nosotros, pero en nuestra frontera con Centroamérica. Lo que vendrá en los siguientes días será nuevamente complejo. En medio de una campaña electoral que parece tener contra las cuerdas a Trump, compartiendo los resultados en ambos países de una fallida estrategia contra el COVID-19, los mandatarios se reunirán con la excusa del TMEC que recién entró en vigor; la visita es a todas luces un gesto para ayudar a Trump en su búsqueda de votos hispanos, nunca peor tratados que en su administración.

La apuesta es difícil. López Obrador hará su primer viaje al extranjero como presidente al país que en su visión de la historia ha hecho el mayor daño a México, en un momento en donde Trump quizás tenga algo que ganar, pero no se entiende qué podrá ganar México. Tal vez se busca corresponder a los favores de Trump en tiempo coincidente, pero de paso, al no reunirse con Biden, se siembra un ambiente poco alentador para el futuro. México y Estados Unidos, en tantos sentidos integrados y en otros con un futuro para construir prosperidad, han fallado en superar la visión de vecinos distantes que la historia ha escrito.

La visión de Norteamérica, desde el Usumacinta hasta Alaska, vale la pena entenderla más allá de los problemas comunes y de la agenda construida, y debe dar paso a una integración más comprometida y eficiente. Esta debe partir desde nuestros mercados laborales y la migración, hasta la construcción de seguridad regional y competitividad comercial global para generar empleos y prosperidad en nuestras economías, que representan casi un 25% de todo lo que se produce y consume en el planeta. Ciertamente Trump y López Obrador no podrán construir esa agenda; ellos viven de la coyuntura, no del futuro. Pero Trudeau y Biden, en su momento, tendrán que ver si México decide caminar hacia el futuro, o de plano da la espalda a lo que es lógico: de vecinos distantes a socios estratégicos.

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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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