Política

Silencios

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  • Javier García Bejos

En este país, los jóvenes son la verdadera mayoría; su presencia es una de las mayores causas de esperanza que tiene México. Demográfica, económica y socialmente su contribución en el camino de la construcción del país que requerimos en el futuro es fundamental. A los jóvenes se les han abierto espacios institucionales en la política, han ganado acceso a los mercados formales de trabajo y la expansión de las alternativas educativas en educación superior no tiene precedente.

Además, juegan con una alianza no antes vista: son quienes ocupan de manera natural las redes sociales, teniendo abierta entonces una palestra antes inconcebible. Sin embargo, el silencio de esta generación es lamentable. Salvo honrosas excepciones, los jóvenes que participan en la política hacen todo lo posible para parecerse a los modelos prehistóricos de la política mexicana, que en una mejor versión. De hecho, algunos de los peores gobernadores y legisladores del país, perseguidos hasta por la justicia, pertenecen a una generación de jóvenes que parecía esperanzadora.

Luego, en el gobierno federal, salvo algunos secretarios, existió un cambio generacional a la inversa; no fueron los jóvenes quienes ganaron espacios, los perdieron. En el mundo empresarial, existen procesos naturales de sustitución en el plano directivo, pero los capitanes esencialmente siguen siendo los mismos. En el sector social y los partidos políticos, los jóvenes siguen ocupando el macabro lugar de carne de cañón preferida de quienes pretenden supuestamente abrirles espacios. En los medios de comunicación, afortunadamente, más allá de las redes, la presencia de los jóvenes comienza a ser patente.

Sin embargo, pese a su participación y preferencia en la última elección presidencial, no existe hoy una reflexión generacional sobre temas fundamentales, situación por demás preocupante: no encuentro una reflexión sobre el futuro por parte de ellos, no veo una visión clara sobre el país en el que quieren vivir, ni sabemos tampoco el papel que ha decidido jugar su generación hacia adelante. El silencio se comienza a convertir en cómplice de la narrativa más perversa que puede existir en una sociedad, que es no conocer el rumbo, no entender las circunstancias de los tiempos y, curiosamente, con toda la posibilidad de hacerlo, no mirar hacia afuera, hacia el mundo a ver qué está pasando.

Si lo hicieran se darían cuenta que en los países donde existe más crecimiento, es en aquellos en donde los jóvenes han reclamado espacios en el mundo de la ciencia y el emprendimiento, del desarrollo tecnológico y claro, de la representación política, en donde sus agendas son punta de lanza y no comparsas de la mayoría que se niega a dejar sus espacios. Los silencios pueden tener muchas interpretaciones, pero sería inaceptable pensar que esta generación de jóvenes se ve a sí misma como irrelevante, o que quizás se encuentran reflexionando como si el curso del país fuera unánimemente diseñado y propuesto.

Los temas de trabajo, medio ambiente, movilidad, educación y tantos otros, que en el mundo son liderados por jóvenes, aquí parecieran no tener voz y en su lugar solo tenemos silencios. Ojalá, por el bien de México, que de repente escuchemos qué visión del futuro tienen, con qué sueñan, qué los mueve y cuál es su compromiso. Tengo fe, mucha, de escucharlos con claridad en los meses por venir.

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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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