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Semáforos

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  • Javier García Bejos

La pandemia avanza y el tiempo ha comenzado a ser relativo. Desde marzo, las semanas han ido transcurriendo entre cifras, conferencias de prensa y miles de tragedias personales. Casi 40 mil muertos y no sabemos en realidad cuántas personas contagiadas son. La cifra representa, en principio, el saldo de una crisis sanitaria que en México ha tenido muchos momentos diferentes, todos con un común denominador: la confianza sobre las medidas de política pública ha venido disminuyendo dramáticamente.

En medio de cifras que parecen acercarnos cada vez más al “pico de la pandemia”, hemos empezado a salir a la calle. Los negocios y los servicios están tratando de regresar a esta nueva normalidad, que tiene todo menos normalidad. La conciencia ciudadana juega en este momento un papel esencial; seguir respetando la sana distancia, pero, sobre todo, usar el cubrebocas es hoy parte de un principio de respeto por el bien de todos.

Salir significa que vendrán rebrotes y más enfermos, pero también significa la posibilidad de empezar a mover la economía que ha mostrado cifras preocupantes. Salir de la crisis depende ahora de la capacidad que tengamos de reacción y reactivación, y en particular de políticas públicas que alienten la confianza de la producción y el consumo y que generen condiciones para recuperar los empleos perdidos. Lo dado a conocer por la UNAM refleja el tamaño del reto que tenemos enfrente: entre marzo y mayo, en 3 meses, regresaron a ser pobres extremos más de 15 millones de mexicanos, los mismos que tardaron casi 20 años en cambiar su realidad.

Las crisis sanitaria y económica deben prender semáforos de alerta máxima sobre los riesgos que tenemos que enfrentar, en un ambiente que exige mayores consensos y más unidad que nunca. La solución se debe construir en lo local, desde las decisiones que toman los municipios y las pequeñas entidades económicas, hasta las medidas macroeconómicas que deben acompañar este esfuerzo. Los países que han buscado reabrir sus actividades en Asia y en Europa, y los resultados de la apertura en Estados Unidos, dan cuenta clara que los semáforos de la salud y la economía volverán al verde solamente cuando la vacuna y los tratamientos muestren mayor efectividad.

Mientras tanto, el esfuerzo de solidaridad colectiva tiene que ser permanente y el color del semáforo que debemos tener, es el del color de la conciencia de estar bajo las condiciones que podemos vivir ante esta contingencia. La pandemia no va a frenar su paso con discursos, ni en la desesperanza del encierro. Lo hará cuando todos usemos un cubrebocas, tengamos acceso a pruebas y sepamos que hay capacidad de reaccionar, colectiva y globalmente, a este reto que nos convoca a todos. No hay más: el color del semáforo lo ponemos todos.

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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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