En un abrir y cerrar de ojos, este 2020 ha llegado a septiembre, el mes de las Fiestas Patrias y que para muchos significa el inicio de la recta final del año. En particular, este mes nos invita a reflexionar sobre el rumbo de nuestro país y cómo vivimos los principios que nos dieron patria, hace 210 años, en el día a día. Ciertamente este año ha sido el más complejo del que se tenga memoria; entre la política, la tensión social, la pandemia, el panorama económico y los lastres de toda la vida, como la inseguridad y la corrupción, pareciera que México enfrenta en estos momentos un desafío que nos toca superar a todas y todos por igual.
Si algo hemos aprendido este año como ciudadanos es que el circo político y la controversia mediática poco construyen para nuestro país cuando no van acompañadas de estrategias bien fundamentadas, y, sobre todo, de esa generosidad que a últimas fechas ha brillado por su ausencia. Mientras unos se pelean por registrar nuevos partidos políticos, otros se esconden en un rincón sin levantar la voz y al mismo tiempo los gobernantes ya hacen cálculos políticos hacia la elección de 2021, sin pensar primero en los graves problemas que deben solucionarse, en lo micro y en lo macro.
Ante este panorama público, una alternativa factible y necesaria que tenemos es la construcción de un frente ciudadano común, que defienda desde cada trinchera esos valores que nos enseñaron desde la infancia cuando se acercaba el Grito de cada septiembre. Es tiempo de defender la libertad, por más que incomode a unos cuantos, impulsar la impartición de justicia sin distinciones, sin que ésta sea selectiva, y buscar que la solidaridad gobierne nuestras vidas en todos los ámbitos, elemento clave para verdaderamente construir comunidad y tener la esperanza de un futuro más alentador.
La realidad es que ya no está a discusión si “domamos la pandemia” o no, o si nos va a pegar feo la crisis. Es un hecho que México, como todos los países, deberá sobrellevar esta pandemia que no se irá pronto, y además deberá superar las afectaciones económicas ineludibles que hemos visto desde abril. Las verdaderas preguntas que nos debemos hacer es cómo construimos unidad, qué hacemos para jalar todos para el mismo lado y cómo hacemos de la empatía y el bien común los escudos que nos guíen lejos de la tormenta que se ha situado encima de nosotros.
Esperemos que, por México, como ciudadanía podamos dar la cara y encontremos las fuerzas para trabajar honestamente, ver por los vulnerables y recobrar ese sentido de Patria, de hogar común que nos debiera indicar cómo actuar en beneficio de todas y todos y no solo de unos cuantos. Confío que en esta época en la que conmemoramos a los héroes de la Independencia, cada uno de nosotros reflexionemos sobre cómo podemos, en nuestro día a día, poner nuestro granito de arena para que el rumbo de nuestro barco llamado México pueda enderezarse.