Política

Verano peligroso

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  • Verano peligroso
  • Javier García Bejos

Las semanas que vienen serán muy complicadas. Al parecer lo peor del coronavirus aún está por venir, en este laberinto de expectativas en que se ha convertido México, uno de los pocos países del mundo que no ha actuado teniendo las pruebas como mejor herramienta para contener y controlar al COVID. Esta semana, al terminar hace una semana la Jornada Nacional de Sana Distancia, las personas lucían desconcertadas; se puede salir o no, trabajamos en casa, o que está pasando. Mientras los casos y las muertes escalan a un ritmo frenético, la situación es compleja porque parece por momentos que vamos de salida, pero en realidad parece que lo más difícil está a la vuelta de la esquina.

En medio de la pandemia, los datos económicos que poco a poco se están conociendo son dramáticos: más de 12 millones de mexicanos dejaron de tener un ingreso en abril, la tasa anual de la Inversión Fija Bruta descendió 11% y el consumo y la confianza del consumidor se desplomaron. La crisis está; de nosotros depende que no llegue para quedarse, porque si la recuperación es lenta, derivada de la ausencia de ánimo de crecimiento de la economía, la destrucción de empleos y pobreza se convertirán en una seria preocupación. Una larga recesión sería la peor noticia en todo este escenario.

Ahora bien, el flanco de la salud parece complicado y la economía tiene un desenvolvimiento muy preocupante, pero ahora hay que agregar un nuevo componente: la gobernabilidad. Derivado de diversas situaciones, todas ellas incomprensibles, la relación entre el gobierno federal y algunos estados ha venido deteriorándose y en esta semana atestiguamos momentos de franca tensión.

Lo sucedido esta semana en Jalisco, y las protestas del viernes en la Ciudad de México, son muestras de que las cosas se están complicando. Las acusaciones cruzadas en Jalisco incorporaron a un bloque de gobernadores que están apoyando la posición del gobernador Alfaro, quien se ha convertido en un referente de la oposición. Por otro lado, en la Ciudad de México los anarquistas, protegidos por los resucitados granaderos, tuvieron como consigna continuar polarizando al país. Las pintas en Polanco no deberían pasar inadvertidas, ya que ponen de relieve que la polarización nacional está en un punto peligroso y requiere que el discurso público llame a la unidad, a la calma y a la concordia. La Jefa de Gobierno Sheinbaum se mostró muy molesta con la actitud de los policías, pero al parecer los actos vandálicos que propinaron los porros a Reforma no son relevantes. Sin duda lo son, porque una ciudad sin ley es una amenaza para todos.

En el sureste el presidente daba inicio a las obras del Tren Maya, mientras la Tormenta Cristóbal azotaba a la región, dejando afectadas comunidades y carreteras. El grito desde allá, ya con tono de reclamo, fue del gobernador Vila de Yucatán, quien reprochó la ausencia de la tradicional respuesta federal frente a estos desastres.

Entre el COVID, la economía y ahora la gobernabilidad, tendremos un verano peligroso, por lo que es urgente que el país retome aliento, se abra el espacio para reflexionar y los ciudadanos hagamos de la conversación pública un llamado a resolver el reto que tenemos encima. Necesitamos dejar atrás las discusiones y enfrentamientos estériles; asumir el compromiso fundamental de los ciudadanos, en un momento como estos, trasciende la política y los partidos. Cuando se trata del país de todos, lo único que es válido es seguir siempre llamando a la unidad.

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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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