Política

Organízate, si puedes

  • Ekos
  • Organízate, si puedes
  • Javier García Bejos

La pandemia, entre muchas otras cosas, cambió nuestra manera de trabajar. El método tradicional, que ya venía cambiando poco a poco gracias a la tecnología, ha sido brutalmente expuesto por la nueva realidad. Las estresantes jornadas que arrancaban siempre por un traslado caótico en la ciudad, fueron cambiadas por el nuevo método. Desde casa y con un café, con posibles shorts o ropa deportiva y con una camisa de vestir y saco encima, la jornada laboral inicia con una charla sobre el conteo de infectados del día anterior, la desgracia de los muertos y la actualización sobre casos cercanos. Enseguida escuchamos las consabidas críticas a López-Gatell, para luego, establecer posiciones para la tecnología que usaremos para la reunión del día: Zoom, Webex, Google Meet, Blue Jeans, Skype, o la que se le ocurra generalmente al más joven del grupo.

Luego viene lo sustantivo: la discusión difícil de moderar, la modalidad de usar o no el video y las dudas que conlleva, voltear a ver el reloj, servir más café y encontrar las notas, antecedentes y recordar en qué nos habíamos quedado. Finalmente, llega el momento más complejo, el asignar las tareas que implican que, en el liderazgo durante la pandemia, más vale creer que cada quien hace lo que dice o estamos en problemas. El celular, el iPad y la computadora en casa, así como el antecomedor y la silla más cómoda, junto con el WiFi, han sustituido a las oficinas; el trabajo en equipo y delegar es complicado, por lo que más vale tener la mejor app, las notas de voz y espacio en la nube.

En la pantalla del Zoom no hay cargos ni jerarquías, solamente un espacio común, el nuevo espacio del trabajo; desde la conectividad remota, ha sustituido a las salas de juntas y los largos comités, a las corbatas y a las salas de espera. Así, las asistentes, contra reloj sacando pendientes, tienen hoy una nueva agenda que no se parece a la del pasado. El trabajo en esta circunstancia pone a prueba el profesionalismo y la ética personal. Implica dedicar tiempo a organizarse y respetar el tiempo común en las reuniones virtuales, pero también genera en algunos la extraña necesidad de dedicar más horas a trabajar.

No ir a la oficina reembolsa mucho tiempo de transporte y de traslados, evita las largas comidas de negocios y nos vuelve a la realidad que hay detrás de trabajar: ser eficientes, eficaces, responsables y organizados. Estas características las debemos tener siempre, pero hoy más que nunca son primordiales. En la nueva cultura laboral trabajamos en lo individual, pero pensamos más en lo colectivo; trabajamos desde casa, pero sorprendentemente estamos abriendo desde allí nuestro panorama del entorno y tenemos tiempo, tiempo que nos está permitiendo no solamente valorar organizarnos sino ser más productivos. Esta forma de trabajo nos ha acercado a nuestra familia, a la tarea de los hijos, y a entender qué pasaba mientras estábamos tanto tiempo en la oficina.

La pandemia, entre muchas cosas complejas, nos ha dado la oportunidad de reaprender a cómo trabajar, y eso, sin duda, es una enseñanza que está cambiando para siempre el mundo del trabajo. Habrá que esperar que ese cambio sea inclusivo, profundo y sea la respuesta a muchas preguntas que nos hicimos siempre sobre eficiencia; al parecer no necesitábamos jefes más exigentes u oficinas con más reglas, sino esta libertad que, en el mejor de los casos, nos está enseñando que hay muchas maneras de ser productivos, mucho más que antes.

La revolución laboral, gracias al COVID-19, será la mayor contribución en los años por venir a la nueva forma en que la economía debe funcionar. Quizás, si no crece la productividad, la gente podrá ser más feliz y tener más tiempo para su familia, y eso de suyo se llama bienestar.

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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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