Thomas Jefferson, el tercer presidente de Estados Unidos, dijo: "Cuando los gobiernos temen a la gente, hay libertad. Cuando la gente teme al gobierno, hay tiranía". El viernes pasado, Donald Trump se convirtió en el presidente número 45 de los Estados Unidos, en medio de un ambiente mundial inusual y de un pesimismo que confirmó el breve discurso simple y sombrío sobre la supremacía de Estados Unidos, dibujado en la doctrina "compra y contrata solamente lo americano" que deja entrever el ánimo de lo que viene.
De repente, la página de la Casa Blanca dejó de tener una versión en español, los vínculos sobre el cambio climático desaparecieron, el ObamaCare inició su exterminio formal, Estados Unidos salió del TPP, se anunció la intención de renegociar el TLC y además, se instruyó la construcción del famoso muro. Ninguna sorpresa, simplemente la confirmación de la expectativa, de la doctrina de la exclusión, reflejo de los tiempos que vienen. América para los americanos, dice el nuevo presidente, que quiere devolver el poder al pueblo, para que ahora sea paradójicamente gobernado por un gabinete de aristócratas inexpertos.
La era de lo imprevisible y de la incertidumbre ha sido alentada por sus ocurrencias que desde Twitter han logrado preocupar a China y sacudir a Merkel y Europa, mientras celebra el Brexit y vaticina el fin de la Unión Europea, haciendo continuos guiños a la Rusia de Putin. La OTAN o la ONU, ha dicho, son símbolos por los que paga Estados Unidos a costa de la infraestructura que se está "echando a perder", mientras recibe un país en pleno empleo comandado por un presidente saliente altamente popular.
Las calles de Washington fueron reflejo de la exclusión. Estaban cómodos los blancos que lo llevaron a la cima, mientras todos los demás fueron borrados del mapa, fuera de la escena y del discurso. Con la mayoría del Congreso también, habrá espacios para que sucedan cosas que minen primero la capacidad de su país. El mundo libre y democrático requiere que Estados Unidos sea fuerte y sus políticas sean confiables, por eso más allá de la amenaza al exterior con el discurso nacionalista, la amenaza la ha hecho a los cimientos del país que se convirtió en súper potencia gracias a la convergencia de todos ahí. Sin duda, la aventura de la era obscura que se inauguró será costosa para todos.
Hacer pronósticos y buscar alianzas será complejo. En el Capitolio de la capital estadounidense se encuentra una frase fundacional que surgió cuando las trece colonias se unieron, "E Pluribus Unum", que significa "de todos, uno". Este es el símbolo más grande de unidad, tolerancia y visión que ha estado desde el nacimiento de nuestro vecino del norte que, sin embargo, eligió a su cuadragésimo quinto presidente bajo el modelo más alejado posible de estos ideales.
Así, el viernes Estados Unidos se sentía dividido, incómodo, lejos de la esperanza que siempre traían los nuevos presidentes; ayer, miles de ciudadanos tomaron las calles, muchos más de los que festejaron un día antes el encumbramiento del magnate. Por lo visto, ni en casa ni afuera, afortunadamente, la ruta del nuevo orden será sencilla, por ende la incertidumbre será la manera de vivir durante los años que vienen.
Los americanos nunca han necesitado de nacionalismos ni de radicales discursos para sentirse profundamente patriotas y enarbolar las causas en las que creen.