Durante la semana, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo presentó el Informe de Desarrollo Humano Municipal 2010-2015 correspondiente a nuestro país. Lamentablemente, los datos y el análisis de este estudio confirman lo que muchos sentimos todos los días: un país que padece una extrema desigualdad. En nuestro territorio, conviven municipios que poseen un desarrollo humano similar a los países más prósperos de Europa, mientras que la población de los más vulnerables tiene condiciones similares a países africanos con enormes problemáticas. Sin duda, esto no puede seguir así.
El informe revela el contrastante panorama para los municipios. Si bien el Índice de Desarrollo Humano (IDH) promedio aumentó entre 2010 y 2015, el ritmo del crecimiento ha sido lento; aún persisten profundas desigualdades entre regiones, estados, y al interior de los mismos; en Chiapas, Guerrero, Oaxaca y Michoacán, la mitad o más de la población vive en municipios con un IDH bajo o medio, mientras que, en la totalidad de Baja California, Baja California Sur y la Ciudad de México, la gente vive en alcaldías o municipios con el IDH alto o muy alto.
En especial, resulta esclarecedor observar el ranking de los municipios nacionales, comparados con niveles de vida en otros países. Benito Juárez y Miguel Hidalgo, en la Ciudad de México, y San Pedro Garza García, en Nuevo León, tienen un IDH similar al que tienen el Reino Unido o Suiza. En contraste, Cochoapa el Grande, en Guerrero; San Martín Peras, en Oaxaca, y Batopilas, en Chihuahua, poseen un desarrollo humano similar a países como Mali o Burundi.
Según el Informe, mucho de las brechas existentes tiene que ver con las capacidades municipales. Así como muchos ayuntamientos, en su mayoría metropolitanos, tienen en sus capacidades el respaldo para ejercer sus facultades de una manera eficaz, otros más tienen múltiples dificultades para proveer servicios básicos, sean la recolección de basura, el acceso a agua potable y drenaje o el alumbrado público. El PNUD recomienda, entre otras capacidades, el generar sinergias con actores relevantes; tener diagnósticos definidos; formular políticas y estrategias basadas en evidencia; presupuestar y gestionar de manera eficiente, e impulsar la cultura de la evaluación en la administración local.
Para México, así como para otras naciones en desarrollo, los Objetivos de Desarrollo Sostenible significan una oportunidad para poner en marcha estrategias que dignifiquen la vida de su población más vulnerable, cerrando brechas en lo local, lo que a su vez se puede traducir en una reducción de las distancias entre los países. A 11 años para llegar a la meta del 2030, debemos redoblar esfuerzos y acelerar el paso para conciliar los dos Méxicos; sin el fortalecimiento municipal, programas sociales con lineamientos y que tengan evaluación constante, y la cooperación entre autoridades, sector privado, organismos y ciudadanía, será difícil hacer realidad ese país de bienestar y desarrollo para todos.