No dejan de asombrar los del PRIANChu: cuando crees que en materia de clasismo han dado todo, siempre encuentran la manera de sacar de la chistera otra de esas retorcidas formas del clasismo que desprestigia al clasismo en sí. Uno creía que con las listas negras del gallo Claudio XXX González (donde incluirá a quienes no besen el piso por donde pisan los neoliberales), el mirrey alfa de los fifilántropos a lo PinoShit, se había tocado fondo, pero siempre hay más abajo.
(A ver si en esas listas no incluye a Markititito Cortés, Zambranititito y a Alitititito Moreno, por no meterlo en la foto oficial del sector opositors. ¿Habrá rebelión en la granja porque mi Claudio anda enseñando el huarache dictatorial y autoritario? Lo raro es que este muchacho chicho del neoliberalismo gacho no hubiera puesto en sus listados a Succar Kuri, condenado a 94 años de prisión, que junto con Mario Balín y Kamel Nacif, eran los héroes de esta loca película de pederastas, papá. O a la Tremenda corte que, curioso, le arrancó la prisión preventiva oficiosa a acciones como la facturación chueca, el contrabando, defraudación fiscal y comprobantes fiscales falsos. Chale.)
Para que se vea de qué lado masca la iguana clasista, en una entrevista con el vivalazos de Carlos Alazraki, la fina y culta alcaldesa prianchuchista, Sandra Cuevas, reconoció que como ella fue pobre y la pasó muy mal, pues no le gustan los pobres. Solo le faltó su playera tipo Paris Hilton: “Stop being poor”. ¡Me das miedo, Teresa, digo, Sandy!
Una entrevista que compite con la de Chayito Robles donde afirma, sorprendentemente, que ella es buena, santa y proba, y que no es cierto que con la Estafa maestra ella le hubiera quitado a los más pobres, para darle a los más ricos de los ricos (las risas no son grabadas). Lo más bonito es cuando cuenta que la querían obligar a acusar a su licenciado Peña que es incapaz de atracar a la nación; por supuesto, no lo haría ni lo volvería a hacer.
Debe tener razón la doña, pues ya vimos a Kike en un video saliendo de un lujosísimo hotel en Roma, donde la camarógrafa -que debe ser la misma del Hunan- le gritaba “¡Ratero, ratero!”, mientras se subía humildemente a un taxi con la novia. La pobre Tania Ruiz estaba destrozada; no por el grito sino por el taxi. Fue como tomar una clase de derecho con Santi Creel, un curso de superación personal con Calderón, uno de ortografía con Fox y otro de oratoria con Margarita.
Jairo Calixto Albarrán