Como admirador de la tribu bolañesca de los vicerrealistas, me hubiera dado mucho gusto que en el mismísimo “Día Internacional de la Hamburguesa” (aunque en lo personal soy más fan de la cangreburguer al estilo del inefable Bob Esponja) no solo hubieran apañado como al final pasó a El Tortas y al Jamón —la muy Salsa y el Chiles en vinagre están en mira de las autoridades, según me han revelado mis fuentes que sí son buenas, no como las que quisieron ver en la Semarnat papá del hijo de Anahí—, sino que a su vez también hubiera caído Emily Lozoya, Lozoyita, que es como la versión fifí de la Unión Tepito con ascendente de Odebrecht según la biblia de los hidrocarburos, según mi licenciado Peña.
Digo, era bonito el sueño guajiro de ver entambado al hombre que casi logró llevar a Pemex a hundirse como el Exxon Valdez, pero al menos dieron en Palma de Mallorca, donde una vidita como la que quisiera cualquier gerente de las empresas fantasma de la estafa mayextra de esas que Chayito Robles dice que es pura política ficción, al dueño Ahmsa (Altos Hornos de México, de tan gratos recuerdos), Alonso Ancira, que ayer pataleaba porque le habían congelado sus cuentas, entre otras muchas cosas por venderle chatarra a Pemex como si fuera tecnología de la NASA para extraer petróleo de Plutón. Bueno, una chatarra que la vendieron chingomil millones de dólares con el aval del consejo de sabios de la paraestatal que ni chistaron cuando les ofrecieron tan maravilloso negocio.
Lo bueno es que Lozoya, Lozoyita tiene de su lado al abogado Coello Trejo (el mismo de la señora del Rébsamen), quien fiel a su método ya fue por el amparo y sus clásicas demandas contra todos. Me late que siempre declare que las acusaciones contra sus clientes no tienen ni pies ni cabeza.
Algo tan creíble como lo que dice Markito Cortez en el sentido de que Moreno Valle no tenía nada que ver con los huachicoleros. O que don Beltrone, Osorio Chong y la Ruiz Massieu afirmen con el corazón en la mano que mi licenciado Peña nunca protegió a Lozoya. ¡Ay, mi vidos!
Como quiera que sea, me parece plausible que la primera reacción de los reaccionarios que siempre reaccionan haya sido a través del muy efímero #AMLOTraidorMX. ¡Bien hecho, muchaches!
¡Ay, Lozoya, Lozoyita, no te olvidaré!
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