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Lunes , 25.03.2019 / 10:31 Hoy

Radar

El octubre más cruel confirma que la corrupción mata

Jaime Barrera Rodríguez

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Como cada mes, Santiago Roel actualizó ayer su Semáforo Delictivo Nacional (con base a las cifras del Secretariado Nacional de Seguridad Pública para que nadie vaya a pensar que se trata de hacer bullying a las instituciones del Estado) y resultó que octubre pasado, con dos mil 371 homicidios, se colocó como el mes más violento de los últimos 20 años. El de mayor número de asesinatos al menos desde que las autoridades federales empezaron a hacer este recuento en 1997.

Esta mala noticia coincidió aquí con la presentación de la evaluación que hizo el Observatorio Jalisco Cómo Vamos de las acciones del Programa Nacional de Prevención del Delito (Pronapred) en el Área Metropolitana de Guadalajara. La conclusión era previsible: que esta política pública estuvo lejos de lograr las metas que se habían proyectado en materia de recuperación del tejido social y baja delincuencial.

Así, el octubre más cruel confirmó el fracaso del Pronapred, que tan sólo en 2016 ejerció un presupuesto de 82 millones de pesos, tan sólo para el AMG, y que nadie sabe para qué sirvieron porque sus resultados son prácticamente imposibles de medir por la ausencia de indicadores y criterios de aplicación claros.

La evaluación de las y los especialistas del Observatorio JCV amplía y detalla lo que en su momento MILENIO JALISCO encontró desde el 2015 que nos propusimos revisar las acciones del Pronapred en los llamados polígonos de pobreza en Guadalajara, Zapopan, Tlaquepaque, Tlajomulco y El Salto, cuando ni alcaldes, policías, funcionarios estatales y federales sabían con precisión del programa. El Observartorio confirmó esa aplicación opaca de los recursos; contratación de empresas de reciente creación sin experiencia para impartir los talleres prometidos; falta de medición de índices delictivos en estos polígonos para ver el impacto de las acciones del programa; y la falta de criterios claros para definir los grupos de edad a los que iba dirigidos los distintos ejercicios, entre otras muchas deficiencias.

En este mismo espacio, escribí en abril pasado, que a la muy deficiente y corrupta aplicación del Pronapred, había que sumar el desinterés del gobierno federal en la continuidad del programa cuando prácticamente lo sepultaron al no asignarle presupuesto para este año.

El gobierno de Enrique Peña Nieto incumplió así su propósito de disminuir los niveles de violencia atribuidos a la guerra contra la delincuencia organizada del sexenio pasado. Su promesa de aplicar una “estrategia integral” que además del combate policial y castrense, añadiría una política pública de recuperación del tejido social en los polígonos con los más altos niveles delincuenciales del País, para combatir la inseguridad no sólo con armas y policías, sino con la mejora de las condiciones sociales en estos puntos de alta marginación del País. El octubre más violento confirma además que la corrupción mata, por lo que los desvíos del Pronapred no pueden quedar impunes.

jaime.barrera@milenio.com

twitter: @jbarrera4

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