Cultura

El hombre que adoptó un jardín y a él una maga

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Este es El jardín de Josué. Así lo bautizaron porque es el nombre de quien comenzó a cultivarlo y protegerlo. Está situado en un ángulo de avenida Bucareli, frente al Reloj Chino. Para mayores señas, frente a la antigua tienda del Mago Charms, cuya viuda, La Maga Isis, conoció a Josué durante un plantón de manifestantes, de los que llegan a protestar alrededor de la Secretaría de Gobernación; pero al término de 40 días todos se fueron… excepto Josué.

La Maga Isis, quién tiene su negocio de magia frente al Jardín de Josué, es viuda del Mago Charms, un famoso prestidigitador que instaló su tienda de bromas hace alrededor de 75 años. Ella trabajaba con el mago en un programa que transmitía por una televisora, ahora llamada Televisa, sobre avenida Chapultepec.

Son tantas las cosas que ha visto pasar La Maga Isis frente a su tienda, durante medio siglo, que ya perdió la cuenta, pero lo que no olvida son sus actos de magia, los que realiza frente a sus clientes, como es el juego de las barajas.

También recuerda cuando apareció Josué, quien no formaba parte de aquella caravana que había llegado y entonces abarcó ese recodo frente a su tienda y más allá, alrededor del llamado Palacio de Cobián, como también es conocida esa casona donde despachan los titulares de la Secretaría de Gobernación.

Lo que ella quiere es que Josué esté ocupado en algo, dice la maga, quien lo emplea como mandadero; ella sabe que a Josué le gustan las plantas y cuida el jardín como si fuera la niña de sus ojos, a tal extremo que ha sido agredido como consecuencia de los reclamos que ha hecho a viandantes cochinos que tiran porquerías entre las plantas o manifestantes agresivos que las maltratan.

—¿Desde cuándo lo conoce?

—Lo que pasa es que estuvo en una manifestación de 40 días y él les tiraba la basura; creo que le daban una propina. Entonces se fueron los manifestantes y él se quedó y empezó a sacarnos la basura a nosotros y a sembrar sus plantas en el jardín.

Y aquí está Josué, siempre lúcido, quien, siempre discreto, lanza un suspiro después de darle el trago a una botella.

—¿Es Tonaya?

—No, es Huasteco; lo mío es huasteco.

—¿Huasteco?

—Sí, porque el Tonaya se me hace más corriente.

—¿Es corrientito?

—Y es más caro.

Y suelta una carcajada.

Y aquí sigue Josué, quien tiene redes sociales, identificado como El templo del fauno, en Instagram, aunque niega tener teléfono celular, pues los pierde o se los roban, dice sonriendo, y solo consulta sus páginas, administradas por un amigo, en algún café internet.

A Josué lo conociste por sus andanzas callejeras en la colonia Juárez, donde nació, pero luego se fue a vivir a casa de un familiar en la colonia Moctezuma, de la que salió hace cinco años.

—En dónde estamos, cómo te llamas, quién eres…

—Ahí voy: Estamos entre las calles de Emilio Dondé y Bucareli. Yo me llamo Josué Israel Sánchez Shaksman.

—Y aquí se llama El jardín de Josué.

—Bueno, sí, así se llama.

—¿Lo nombraron en tu honor?

—Pues no tanto en mi honor, pero lo pusieron para el proceso de adopción; como hicieron con el Parque Pushkin, el Parque México, el Parque España.

—Tú adoptaste este Jardín, esta esquina.

—Exactamente.

—¿Cuándo y por qué lo adoptas?

—Bueno, mira, fue un proceso que yo tampoco me esperaba. Pero vi que siempre estaba solo y lleno de basura, y dije: “Este es un espacio donde se puede hacer algo recreativo, natural, ¿no?”

—¿Cuándo fue eso?

—Hace dos años, más o menos.

—¿Eres un trotamundos?

—Sí, digámosle que sí, ¿no? Es que aquí siempre era un basurero; por ejemplo, se acabaron Los 400 pueblos—así se llama una organización veracruzana que protestaba en calles de la capital— , que venían a protestar, y se fueron, y yo empecé a sembrar aquí y dije: “Pues aquí puede ser un lugar verde”.

—Y empiezas a sembrar plantas. ¿Como cuáles?

—Por ejemplo esta, que llaman geranio o malvón. Todo lo agarré porque la gente lo tira. O hay otra técnica que se llama… que es la que cortas una ramita, la siembras; y así, cada planta que me iba encontrando, sin un objetivo en específico.

—¿Qué otras plantas tienes?

—Huuuuuy, un montón. Tenemos cacahuate, aguacate, guayaba, limón, chile, jacarandas, Palo de Brasil, sábila, bambú, jitomate cherry, jitomate bola.

Josué, quien no alcanzó a terminar sus estudios de comunicación en la UNAM, ha hecho teatro universitario y se inclina por las artes plásticas. Incluso ha invitado a creadores de otros países y mexicanos a exponer en su jardín, del que todos los días levanta alguna basura o botellas de plástico.

Ha vivido en Barcelona, Argentina y San Cristóbal de las Casas, Chiapas, donde tiene amigos.

—Tenías algunas esculturas aquí…

—Sí, y también me dedicaba al teatro; más de 20 años. Y para mí este jardín es una escenografía orgánica… Todo con material reciclado.

—¿De alguna manera eres un hijo adoptado de la Maga Isis?

—Sí, de alguna manera; sí, tienes razón —responde pensativo y sonríe—. Es la que me ha apoyado. Me regaña. Me da consejos. Y siempre me ha apoyado mucho.

—¿Eres…Cómo se llama a los que gusta deambular en las calles?

—No es tanto que me haya gustado la calle, ¿eh?

—¿Entonces?

—Fue un problema familiar, y de repente me vi en la calle. Llevo cinco años. Entonces dije: “Tengo dos opciones: me carga el payaso y me hundo, o hago algo productivo. Y de ahí surgió esto.

Es Josué en su jardín, un hombre a quien es frecuente ver por las noches en calles de las colonias Centro y Juárez, alcaldía Cuauhtémoc, a veces con macetas que ofrece a transeúntes, algunos de los cuales pasan de largo y lo ignoran, mientras otros se detienen a cooperar con alguna una moneda para quien, ciertamente, tiene familia, pero distante, porque él prefiere ser un nómada urbano.



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Humberto Ríos Navarrete
  • Humberto Ríos Navarrete
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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