Si bien en marzo de 2010 la ciudad de México se convirtió en la primera capital de América Latina en legalizar el matrimonio igualitario, en la realidad cotidiana, en el día a día de las parejas, todavía hay muchos pendientes por resolver.
Las historias que se cuentan son infinitas:
“Vivimos 20 años juntos, entre los dos compramos el departamento, pero cuando él falleció sus hermanos se quedaron con todo”.
“Estuvo en el hospital varias semanas antes de morir, pero como no estábamos casadas, sus padres no me dejaron ni siquiera verla para despedirme. Y fuimos pareja 14 años”.
Y así, una tras otra. Una de ellas es la que sucede en El esposo de Daniel, puesta en escena que actualmente hace temporada en el foro Lucerna, y que plantea uno de esos casos extremos en los que las decisiones de una pareja, al no quedar plasmadas en un papel con validez legal, son enteramente ignoradas.
Escrita por Michael McKeever El esposo de Daniel cuenta la relación de dos hombres que se han establecido como una pareja a la que todos consideran perfecta: ambos son exitosos, están felices, tienen una casa preciosa, se respetan, se quieren. Sus amigos y familiares los apoyan.
A uno, Daniel, les gustaría casarse, “formalizar la relación, por lo que pueda pasar”; el otro, Michel, no cree para nada en el matrimonio; de hecho, se opone a él contundentemente, “va contra mis principios”, dice cada vez que le preguntan, y si no le preguntan también. Sin embargo, esa diferencia de opiniones no ha sido un obstáculo para su felicidad, no ha significado problema en su relación, hasta que un día…
No revelaré nada más de la trama, pues evidentemente gran parte de la puesta radica en esa vuelta de tuerca que el destino presenta a los protagonistas; lo que sí diré es que la situación que se plantea es mucho más frecuente de lo que se cree, quizá no en el extremo-extremo-extremo que aborda el montaje, pero sí en otros momentos graves.
Como bien se explica en la información promocional, “esta emotiva y poderosa obra aborda los desafíos del amor en tiempos de incertidumbre y cuestiona qué tan lejos estamos dispuestos a llegar por las personas que amamos”.
Pablo Perroni, al frente de este proyecto, ha subrayado su interés personal por encontrar textos que reflejen los problemas de la comunidad LGBTQ+, a la que pertenece, por ello al hallar esta obra sintió que debía montarse en México.
Él mismo se encargó de la adaptación a la realidad nacional y sumó a su director de cabecera, Sebastián Sánchez Amunátegui, quien una vez más entrega un trabajo limpio, fluido, cuidado, emotivo y divertido al mismo tiempo.
Pablo, quien interpreta a Michel, subió también al barco a su pareja sentimental, Áxel Santos, en el personaje de Daniel.
El trabajo actoral de ambos es exacto para crear a esta pareja tan diferente en lo exterior, pero tan cercana en lo esencial.
Junto a ellos brilla Pilar Flores del Valle, quien se ha colocado como una de las actrices de soporte más solventes de la escena. Pilar borda cada personaje que se le encomienda. Aquí como la madre de Daniel da a la perfección los muy variopintos tonos y actitudes que la trama exige: lo mismo la bobalicona y simpática, que la fuerte y determinante.
Juan Ríos Cantú y Rodrigo Oscós dan vida a los otros personajes centrales de la trama.
El esposo de Daniel es uno de esos montajes que se disfrutan y padecen, pues al tiempo que atrapa con una trama muy bien contada, va llevando al público a enfrentar hechos que lo hacen pensar y lo orillan/obligan a pensar y decidir sobre cuestiones que aparentemente son fáciles de resolver, hasta que se enfrenta uno a ellas.
Durante mayo las funciones son viernes y sábados a las 20:30 horas, y los domingos a las 18:30 horas; y en junio, El esposo de Daniel continuará con funciones los domingos a las 18:30 horas y los lunes a las 20:30 horas.