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Domingo , 24.02.2019 / 00:28 Hoy

El Manubrio

Populismo automotriz

Héctor Zamarrón

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Dicen los académicos que ante la quiebra del modelo neoliberal el populismo está en auge. Que cuando crece la desconfianza hacia los partidos surgen los líderes carismáticos; solo que pocas veces reparan en un sesgo insospechado, el populismo que embarga a los gobernadores. Como cuando deciden anular el cobro de la tenencia vehicular.

Lo mismo puede ser el ex presidente Felipe Calderón que el ex gobernador Eruviel Ávila o el ex jefe de Gobierno Miguel Ángel Mancera. Da lo mismo si se trata de eliminar el cobro o de "subsidiar" el pago.

Esta semana se sumó uno más a esa lista, el de Tamaulipas, Francisco García Cabeza de Vaca, para dar "cumplimiento a una demanda ciudadana de muchos años que beneficiará a miles de familias tamaulipecas".

El Congreso de Tamaulipas sesionará la tarde de este jueves para ratificar esa decisión que dejará a las finanzas del estado con 250 millones de pesos menos al año.

Desde que en la presidencia de Felipe Calderón se decidió suprimir ese impuesto federal, ha ido ocurriendo lo mismo con las versiones estatales.

En el centro del país, donde Ciudad y Estado de México sí cobran ese impuesto, pero con descuento —mientras que en Morelos no se paga—, se dan fenómenos de competencia local que llevan a los autos de lujo de los capitalinos a estar emplacados en pueblos morelenses.

Así se explica el absurdo de aquella calle de Xochitepec, Morelos, que con apenas 44 casas de interés social cuenta con 16 vehículos de lujo y 11 Ferraris matriculados. Como el del ex procurador Raúl Cervantes.

García Cabeza de Vaca estará en el cargo cuatro años más, veremos si no termina lamentando la falta de esos mil millones de pesos que podrían haber sido utilizados en obras de transporte público.

Quizá lo hizo porque las ciudades de su estado aún no sufren los estragos de los congestionamientos, aunque la zona metropolitana de Tampico-Ciudad Madero tiene más de 800 mil habitantes.

Suprimir un cobro es fácil. Ordenar el transporte público no. Por eso lo dejan sin tocar, para qué meterse en un sistema de explotación económica donde los empresarios extraen rentas de sus choferes y del usuario, a la vista de las autoridades.

Ahora que bien mirado, quizá no esté tan mal eliminar el impuesto a la propiedad del automóvil y mejor cobrarle de manera directa por sus externalidades.

Qué tal que le cobramos por contaminar, por congestionar, por los accidentes y costos al sistema de salud, por el ruido, por la basura que provocan, por el manejo de gasolina, etc. Que sea claro y transparente que el automóvil nos cuesta. Los expertos así lo recomiendan (bit.ly/AutoNosCuesta).

hector.zamarron@milenio.com
@hzamarron

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