El video del celular muestra a las dos niñas jugando en un triciclo rosa, apenas el domingo pasado. Regina, de cinco años de edad, e Isabela, de dos. Una va disfrazada de unicornio, la otra está peinada con dos pequeñas trenzas. Momentos más tarde aparecen con una pintacaritas que las maquilla para que jueguen en la fiesta a la que asistieron.
Al día siguiente las dos murieron embestidas por un conductor en estado de ebriedad que les robó decenas de años de más fiestas, cumpleaños, emociones, metas, frustraciones, escuelas, ilusiones, alegrías y penas. Todo se acabó en unos instantes.
Lo terrible de esa tragedia es su repetición. De hecho forma parte de las estadísticas del Inegi. Los siniestros viales son la primera causa de muerte entre niñas y niños de 0 a 13 años de edad.
Son ellos quienes más mueren en las calles, sea como pasajeros, como peatones, a bordo del transporte público, en bicicleta. Mueren porque hemos hecho ciudades eficientes para los automovilistas, y hostiles para el resto de los ciudadanos. No solo se requiere cumplirle a Mariana su demanda de justicia, sino modificar lo que provoca estas muertes.
Urge reforzar los alcoholímetros en todo el país, así como desterrar la tolerancia social que tenemos hacia quienes conducen con alcohol. Urge controlar la velocidad en las ciudades y para ello no bastan discos rojos en las esquinas, se requiere de una estrategia completa para modificar la infraestructura vial, priorizar el transporte público, proteger a los peatones con mejores banquetas, con fotomultas inhibidoras de esas conductas, con sanciones económicas, cívicas y sociales para los infractores.
También urge impedir la venta de autos que carezcan de medidas de seguridad que son estándar en Europa y en Estados Unidos. Con sistemas de retención infantil, frenos de emergencia, sistemas antibloqueo, control electrónico de estabilidad, bolsas de aire, elementos todos que no implican grandes inversiones, pero que las automotrices se resisten a implementar y que las autoridades de la Secretaría de Economía les permiten incumplir.
Ojalá que la indignación y el enojo que privan en Monterrey por la tragedia de Regina e Isabela impulse esos cambios que, además, urgen en la ciudad donde más incidentes de tráfico hay en el país. _
hector.zamarron@milenio.com
@hzamarron