Algo extraño ocurrió la noche del viernes pasado en que el subsecretario de Prevención de la Salud, Hugo López-Gatell comenzó su habitual mensaje con un gesto de preocupación y terminó por señalar a los gobiernos que reabrieron sus economías sin cuidado, para enseguida exhibir un rebrote de casos en la Península de Yucatán.
Esa misma noche se había reunido con el presidente Andrés Manuel López Obrador, el director general del IMSS, Zoé Robledo, el secretario de Salud, Jorge Alcocer y el director general del Instituto Nacional de Salud para el Bienestar, Juan Antonio Ferrer, para revisar el estado de la respuesta ante la epidemia.
Ante ellos presentó un panorama general, ya a la baja según sus palabras, y con menor intensidad. Con 23 estados en descenso y solo nueve con un incremento.
El domingo incluso el presidente Andrés Manuel López Obrador utilizó esos datos para llamar a la tranquilidad, “en la medida de las circunstancias”, para dar “la seguridad de que vamos adelante, vamos enfrentando bien, de manera profesional”.
Sin embargo, ante los medios, ese viernes López-Gatell llegó con un tono distinto. Primero culpó a los estados y municipios de la reapertura acelerada, así como de los problemas en la recopilación de datos, del retraso en los resultados de las pruebas. Luego exhibió el rebrote en Yucatán y Quintana Roo, para terminar con la afirmación de que solo tenemos la mitad de la realidad por la inconsistencia de datos de algunos estados, con lo que se decidió suspender la presentación del semáforo covid que correspondía.
Horas antes, el director ejecutivo de la OMS para emergencias sanitarias, Mike Ryan, había alertado de apresuramientos en la reapertura, en especial en México, y señalado el débil sistema de vigilancia epidemiológica.
Así, la intervención del subsecretario se orilló más bien a justificar su actuación, pero los señalados no se quedaron callados. El sábado, la Asociación de Gobernadores de Acción Nacional protestó por los señalamientos. Incluso demandaron explicaciones, no a López-Gatell, sino al titular de la Secretaría de Salud.
López-Gatell es el pararrayos del gobierno obradorista. Ni siquiera el secretario de Salud, sino el subsecretario de Prevención será el fusible a quien le carguen los resultados del equipo que detrás de él recomienda, analiza, propone.
¿Hasta dónde es el único responsable? ¿Y el secretario de Salud, el Presidente, la oposición, la industria alimenticia y la publicidad, las anteriores autoridades de salud que permitieron el avance de la epidemia de obesidad sin detenerla, los que lucraron con la construcción de hospitales que nunca funcionaron, los que quebraron el sistema de salud y desviaron los recursos para campañas políticas?
Buscar a un chivo expiatorio es lo más sencillo. Entender los múltiples factores que confluyen para hacer de México uno de los países más golpeados es mucho más difícil, requiere de un entendimiento de procesos sociales y económicos que escapa al lugar común, a la salida rápida.
La realidad nunca es sencilla.
hector.zamarron@milenio.com
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