Política

El sexo es política, hablemos

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  • Héctor Zamarrón

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Una oleada imparable de denuncias y revelación de historias de acoso, abusos y hasta violaciones inundó las redes durante la semana, tanto que casi fue imposible permanecer ajeno a ese vendaval de indignación.

Asistimos durante los días del #MeToo a un retrato descarnado de nosotros mismos. Esa tormenta de tuits con historias terribles es como verse en un espejo. Nos arroja el reflejo de una sociedad que no sabe cómo lidiar con el sexo, el deseo y la frustración.

No en vano somos un país de extremos. Ocupamos el primer lugar en embarazo adolescente entre los países de la OCDE y al mismo tiempo tenemos a una generación de millennials y centennials hiperinformados que rechazan tener hijos y se decantan por las mascotas −esterilizadas, eso sí.

El fondo del problema es totalmente social y político. Porque si bien el origen es social, la solución pasa por la política, por los espacios de deliberación pública donde podamos transformar la educación que recibimos y damos.

Con una deficiente o nula educación sexual, nuestra práctica es pobre, llena de violencia, culpa y frustración. Entonces tenemos que hablar de sexo, pero de todo aquello que lo rodea.

Hablemos de la prohibición del aborto en el mismo país donde quienes lo penalizan y persiguen son aquellos que autorizan y se benefician de la proliferación de moteles en nuestras ciudades, llenos los días de quincena, y que tanto divierten a los extranjeros que no entienden por qué miles de parejas mexicanas tienen que buscar un hotel para amarse.

Hablemos de jóvenes que conocen el sexo en el asiento trasero de un automóvil, siempre y cuando la policía local no los encuentre primero y remita por faltas a la moral.

Hablemos de adultos insatisfechos y de violación, abuso y acoso. Hablemos de patriarcado. Hablemos del #MeToo, de nuestro silencio.

Hablemos de la publicidad que ofrece imágenes distorsionadas del disfrute sexual y de la pornografía que vende violencia y abuso. Hablemos de las industrias culturales, de los medios de comunicación, de una sociedad esquizofrénica, promoviendo lo que cuesta trabajo conseguir.

Hablemos de padres que no consiguen hablar con sus hijos de sexo.

Hablemos entonces también de nuestro Presidente conservador que frenó la despenalización del aborto cuando fue jefe de Gobierno de Ciudad de México, pero también de su esposa liberal.

Hablemos de visiones del mundo donde debe caber el respeto, que no la tolerancia displicente.

Hablemos de un sistema social y económico perpetuado por las decisiones de políticos cobardes que no se atreven a romper el silencio frente al sexo.

#MeToo ha causado renuncias, crisis, quiebras, despidos pero también prevención. Hay empresas que ahora están discutiendo su falta de protocolos ante la posibilidad de tener un acosador o, peor, un violador entre sus empleados.

Se está discutiendo en las escuelas, en los medios, en las redes. El sufrimiento de muchas mujeres y su valor para contar sus historias nos abre la posibilidad de ser una mejor sociedad, nos permite que, como decía Michael Foucault, el sexo no sea una fatalidad, sino la posibilidad de una vida creativa.

Hablemos de sexo, pues.

hector.zamarron@milenio.com

@hzamarron

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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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