Los datos de la generación de empleos en el mes de abril son una muestra de lo que le pasa a las economías cuando se enfrentan a una desaceleración: se crearon 23 mil puestos de trabajo formales, lo cual en sí mismo parece una buena noticia pero en el contexto de las grandes necesidades la cifra resulta insuficiente. Desde hace muchos años se repite que el mercado laboral mexicano requiere de aproximadamente 1.2 millones de puestos de trabajo por año para enfrentar la demanda, por lo que hablamos de alrededor de 100 mil empleos formales por mes. En este contexto, si bien 23 mil puestos siempre son bien recibidos, claramente no alcanzan para todos.
Pero no se trata sólo del caso mexicano sino que es un fenómeno que podemos enmarcarlo en el contexto latinoamericano: las economías no sólo se están desacelerando sino que tienen como un efecto sensible la insuficiente generación de empleos formales. Y esto es más relevante si consideramos que más de la mitad de los puestos de trabajo latinoamericanos se encuentra en la informalidad, sin prestaciones, sin seguro, sin salario estable y, sobre todo, sin la certeza de que los puestos permanecerán en el tiempo para permitir que los trabajadores realicen proyectos a mediano y largo plazo.
¿Qué pasa cuando los empleos formales que se generan son insuficientes? Tanto en México como en América Latina la principal válvula de escape de este problema es la informalidad: la gente necesita trabajar para obtener ingresos y eso la lleva a empleos precarios, temporales, mal pagados, con extensas jornadas y con el manto de incertidumbre sobre el futuro. En nuestros países el comercio es uno de los sectores más informales y es en donde aparecen muchos empleos temporales, que viven del día a día, que permiten ingresos cotidianos de sobrevivencia pero que difícilmente permiten a la gente salir de la condición de pobreza.
Uno de los grandes problemas latinoamericanos es que no solo no se logran las cantidades suficientes de empleos que la necesidad demanda, sino que quedamos todavía más lejos de la meta cuando hablamos de la calidad de los puestos: los salarios son bajos, la precariedad es mucha, la informalidad está a la orden del día y la tendencia es que los puestos sean cada vez más fugaces y menos estables. Que los empleos no sean suficientes en número y cualidad es muy malo para una región que tiene más de 162 millones de personas en situación de pobreza.
La batalla por la recuperación de los empleos formales y de calidad debería ser la bandera de nuestras economías, más allá de los datos coyunturales de crecimiento que suelen generar optimismo pero no necesariamente resultados internos. Hace falta mucho más que decir que se van a simplificar los trámites para formalizar empresas o que se incentivarán las inversiones: es tiempo de un cambio grande en cuanto a las estrategias para impulsar los empleos y las oportunidades para que las personas recuperen la movilidad social y la capacidad de mejorar sus condiciones de vida.