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Domingo , 17.02.2019 / 20:09 Hoy

Día con día

Conmemorando: la de Zapata no fue rebelión indígena

Héctor Aguilar Camín

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La rebelión de los pueblos de Morelos no fue una rebelión indígena, aunque muchos indígenas de los pueblos acudieran a la rebelión. Esto dice John Womack en el notable prólogo a la nueva edición de Zapata y la Revolución mexicana, publicada por el Fondo de Cultura Económica en 2017.

Si hubiera sido solo una rebelión indígena, sigue Womack, la revuelta zapatista no habría podido dar el salto hacia la arena nacional. Habría sido una más de las 100 rebeliones indígenas encendidas y apagadas en su propia llama local durante los siglos XVIII y XIX.

Lo que hizo que la rebelión de Morelos desbordara sus fronteras locales, sostiene reveladoramente Womack, no fue el afluente indígena, sino el africano: los negros diluidos de México.

Creo que tiene razón: cuando uno ve la foto canónica de Emiliano Zapata que nos mira de frente, con el brillo oscuro en los ojos, los labios sensuales, la frente ancha, las cejas y los bigotes poblados, ¿qué ve? ¿Un indio puro? ¿Una mezcla de indio y español? ¿O una mezcla distinta, propiamente mexicana: de indio con blanco y con negro, en una de sus múltiples variedades morenas?

La sombra de la rebelión indígena zapatista de Chiapas de fines del siglo XX, añade mitología más que verdad a la rebelión zapatista de Morelos de principios del XX. Apenas se mira a Zapata sin las anteojeras de la historia oficial, aparece un personaje más enigmático y complejo de lo que su figura refleja hasta ahora.

Hay un Zapata no indígena, no campesino y medio negro. Este Zapata parece más cercano a la palpitación de la historia real que el Zapata agrarista, modelo del revolucionario o del luchador social que parece inspirar las celebraciones oficiales de su muerte, en este 2019.

Lo que al parecer tendremos este año sobre Emiliano Zapata no es una revisión crítica y abierta de su historia, sino una hagiografía de lugares comunes: una nueva bocanada de vieja historia patria. La historia patria es una necesidad de la credulidad pública. Es también un hueco edulcorado de nuestra memoria colectiva.

(Retomo en este texto ideas de la serie sobre Zapata publicada aquí los días 27, 28, 29, 30 de noviembre, y 1 de diciembre de 2017).

hector.aguilarcamin@milenio.com

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