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Miércoles , 20.03.2019 / 19:58 Hoy

Doble mirada

Escenarios 2019: trampas de AMLO contra sí mismo / I

Guillermo Valdés Castellanos

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El 2019 será, como lo prometió López Obrador, un año de cambios profundos. Esto no es un pronóstico, pues desde el 2 de julio comenzó, con buenas intenciones pero mucha prisa y poca planeación, la avalancha de anuncios y acciones que han comenzado a transformar el rumbo del país. El debate no será, por tanto, si con AMLO México cambia; lo va a hacer.

Las preguntas pertinentes son otras. La primera es si las nuevas políticas tendrán los resultados deseados: una sociedad más rica, justa, segura y democrática o si se caminará en reversa (recuérdese que el camino del infierno está empedrado de las buenas intenciones, incluyendo las presidenciales). La segunda es si los nuevos gobernantes, comenzando por el presidente López Obrador, son capaces de lograr que tres componentes de la realidad —una economía mediocre y globalizada; la estructura política y burocrática del Estado y los contrapesos y resistencias de actores institucionales y/o poderes fácticos— en vez de tratarlos como adversarios o enemigos se convierten en socios y aliados del cambio, pues de esa relación depende, en buena medida, que los cambios se den en el sentido esperado.

Plantearé algunos escenarios básicos a modo de respuesta a esas dos preguntas, comenzando por la relación de la economía con el proyecto de la 4T. De la fortaleza de la economía depende en gran medida que AMLO pueda dar resultados en términos de justicia social y reducción de la pobreza. Si la economía no crece más de 4% al año y se hace más productiva, los avances serán muy mediocres, porque no se crearán los empleos suficientes, ni las empresas podrán resistir los incrementos salariales, ni el gobierno tendrá recursos crecientes para repartir más subsidios (el modo como AMLO cree que la gente saldrá de la pobreza).

El escenario de crecimiento económico para 2019 es pobre: menos de 2% según la mayoría de los analistas internos y externos. Pero lo preocupante es que la ambigüedad de la política económica de López Obrador (por un lado, la destrucción de la riqueza y la confianza que significó la cancelación del aeropuerto y por otra, el presupuesto equilibrado que se aprobó) mantiene la incertidumbre y una confianza frágil de los inversionistas, la cual parece caminar al filo de la navaja.

Otra decisión equivocada en el futuro (por ejemplo, revertir la reforma energética, una política equivocada en Pemex y CFE, o desbordar el gasto público) paralizaría muchas inversiones productivas y generaría una salida drástica de inversiones financieras.

De suceder eso, el crecimiento sería menor al pronosticado, lo cual reduciría drásticamente las probabilidades de sostener en el tiempo los programas redistributivos. Quizá la única decisión que pudiera recuperar la confianza sería continuar la construcción del aeropuerto de Texcoco, pues significaría reconocer y enmendar un error que ha tenido y seguirá teniendo consecuencias muy graves.

En ese poco probable caso, la confianza y la economía pudieran abrir una vía más promisoria de
crecimiento.

Aunque a AMLO no le guste, su displicente, deficiente y ambigua relación con la economía, sus reglas y sus protagonistas, puede ser la tumba de su proyecto. No comienza bien en este tema. Ojalá y recapacite por su propio bien y el del país. La próxima semana, los escenarios sobre el resto de variables.

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