En Boston, Massachusetts, Estados Unidos, hubo un alcalde de nombre Thomas Menino, considerado como el “Mayor” que más tiempo ocupó el cargo en esa ciudad. Fue elegido por vez primera en 1993 y reelegido en cuatro ocasiones, pero una enfermedad fue lo que le impidió ocupar el cargo por sexta ocasión.
Alguna vez, en un anuncio televisivo, declaró: “Soy Tom Menino, no soy de hablar con mucha labia, pero consigo que las cosas se hagan”. “Presté atención a los aspectos fundamentales de la vida urbana: calles limpias, seguridad pública, buenas escuelas, comercio de barrio”, escribió Menino en sus memorias, publicadas en octubre de 2014, año en que falleció.
Esta pequeña historia sale a colación cuando evocamos a los funcionarios de carrera, esos seres cuya vocación innata salta a la vista con tan solo recordarlos por lo que significaron para una comunidad: el servir en cuerpo y alma, entregados a la delicada encomienda de administrar los dineros, las obras y las mejores decisiones.
He leído con atención los resultados de las encuestas que casas dedicadas al ramo han dado a conocer sobre las preferencias electorales que tienen los tamaulipecos, a menos de un año de las elecciones de 2027, y llama poderosamente la atención que, cuando la ciudadanía tiene un buen concepto de alguien que ya gobernó, está dispuesta a volver a dar el voto de confianza para que se continúe con la labor interrumpida momentáneamente por las disposiciones oficiales.
Así como Menino era reelegido allá en Boston, también acá, en Tamaulipas, México, se puede y se debe hacer lo mismo; solo es cuestión de voltear a ver al candidato como persona, no como miembro de un partido engañoso.
¿Qué caso tiene brindarle la repetición del cargo a personas que, a simple vista, se les puede juzgar por su mediocre quehacer y que, en lugar de aprovechar la coyuntura que el destino les brindó, la desaprovechan tirándola por la borda, arruinando y renunciando a algo valioso: servir?
Rodearse de gente capaz ha sido parte de la clave de los buenos gobiernos, y también hacerse acompañar de ineptos da como resultado el insultante trabajo en un municipio, llámese como se llame.
Para reelegir a alguien, es cuestión de hacer memoria.