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El ganar-ganar del consumo

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  • El ganar-ganar del consumo
  • Guadalupe Romero

Si me estás leyendo este domingo te quedan pocas horas (hasta mañana) para ser parte del Buen Fin, en su sexta edición, y si ya despertaste y es otro día, quizá dejaste de luchar con la tentación de sucumbir ante el sin fin de ofertas que durante cuatro días invadieron los aparadores y la publicidad en nuestro país.

Ahora el remordimiento por las compras realizadas y la inquietud por dejar nuevamente limpia y lista la tarjeta para los regalos de Navidad se apoderará de tus pensamientos (porque según datos de la Comisión Nacional Bancaria y de Valores más de 70 por ciento del consumo se realiza utilizando plásticos de débito o crédito).

Tranquilidad ante todo. Si José Antonio Meade, titular de Hacienda, puede dormir con tamaños objetivos a cuestas, nosotros también podemos hacerlo. Sin pretender inquietar al secretario solo hay que recordar que entre sus compromisos impostergables para el siguiente año está conseguir un superávit primario (ingresar al país más de lo que gasta), cosa que cada uno, seguro, de igual manera tendremos entre las promesas de fin de año.

Claro, el riesgo siempre es no cumplir, como el hacer ejercicio y adelgazar. Conviene, entonces, mentalizarnos con algunos datos que más que susto nos provoquen ocuparnos de los temas realmente importantes, y dejar de reenviar y hacer caso de las cadenas que inundan las redes sociales; basta un ejemplo: “deja de comprar productos de Estados Unidos o consumir en los supermercados imperialistas”.

A quién beneficia lo anterior, podemos preguntarnos. A los que lograron obtener un empleo en esas tiendas o en las fábricas de esas “malas” marcas que vinieron a instalarse a México, es obvio que no. Y tampoco podemos creer que perjudica a esas grandes firmas. El consumo es lo que hace crecer a un país, lo que atrae la inversión y contribuye a conseguir el círculo virtuoso de la economía: empleo, consumo, inversión y producción.

El requisito es no perder la cabeza, hay prioridades. Lo interesante será hacer ejercicios de conciencia y dejar de ser parte de la estadística y de la cartera vencida. Según una encuesta realizada por Provident, firma de préstamos personales, y GIK, encuestadora internacional de mercados, solo 11 por ciento de los mexicanos de menores ingresos buscan información financiera a través de un asesor profesional.

Los mexicanos en lo general nos informamos de boca en boca. Preguntamos y nos respondemos. Qué el dólar está más caro, que no baja de 20 pesos, y que eso no nos afecta porque no compramos en dólares este Buen Fin; que el barril de petróleo no supera los 45 dólares, pero no nos preocupa porque de eso nada recibimos, y que la tasa de interés referencial que define el Banco de México aumentó a 5.25 por ciento, y quizá para fin de año se incremente otros 50 puntos porcentuales, para llegar a 5.75 por ciento, pues qué más da, continuamos pagando los mínimos de la tarjeta aunque nos vayamos a 20 años con nuestros créditos.

Eso es lo que nos tiene que ocupar. Consumir lo que podemos pagar y cuidar los empleos. Sí nos afecta el precio del dólar porque vivimos en un mundo globalizado, donde van y vienen materias primas para producir y mercancías para vender y comprar. Porque nuestras necesidades primarias se resuelven con artículos derivados y somos un país petrolero, y más nos conviene no dejarlo de ser, aunque hemos dejado de tener solo un productor para dar paso a las sociedades y alianzas con privados nacionales e internacionales. Si se va a producir más, ¿cuál es el problema?

Producir y consumir no está mal. Dejar de tener empleos y alejar la inversión eso si es para quitar el sueño en este Buen Fin.

@lupitaromero

guadalupe.romero@milenio.com

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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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