¿Alguna vez los han secuestrado? A mí, sí.
De hecho en tres ocasiones: la primera creo fue la más traumática o la más preocupante y haré bien en recordarlo para aquellos que sigan pensando que a los secuestradores se les tiene que tratar con un dejo, si no de inocencia, por lo menos de cinismo.
Iba saliendo yo de una transmisión especial que hacía en ese entonces para una estación que hoy no existe llamada W Radical. Salí de Polanco y decidí tomar un taxi hacia el sur de la ciudad de México después de escuchar a una serie de bandas que estaban buscando un lugar dentro de la entonces muy complicada escena musical nacional.
Después de que seleccionamos Cecilia Toussaint, Ángel Dehesa y un servidor a plástiko de Guadalajara para que continuar en su camino en algo que se llamaba Hard Rock Stage, tomé uno de esos taxis, que en ese entonces pululaban en las calles de la capital, el famoso sedán de color verde.
(Bueno eran verdes porque se decía que contaminaban menos pero esa era otra de las historias que nos hacía creer el gobierno priísta entonces).
Tomé el taxi en Campos Eliseos y enfilamos hacia Anillo Periférico, ya casi llegando a mi casa por Fuentes del Pedregal, se paró de una manera peculiar y en esa parada que no estaba prevista subieron tres individuos; dos de ellos se pusieron a mis costados y uno más en esa zona que en esos taxis que existían no llevaban asiento.
Me pidieron que cerrara los ojos mientras ellos platicaban con el taxista mientras me decían “No te va a pasar nada ,venimos por el Taxista“.
La realidad es que el taxista estaba de acuerdo con ellos y me pidieron, para que fuera el trámite más sencillo, los acompañara a un cajero automático para sacar el dinero que trajera yo en mis bolsas y que tuviera en mi cuenta.
Era esa época en donde no se podía sacar más de 3 mil pesos de los cajeros automáticos para evitar que la gente que fuera secuestrada tuviera que dar todo su capital.
Fuimos a una serie de ATMs y sacamos dinero, recuerdo que me encontraron la credencial de la estación de radio en donde laboraba yo en ese momento. Uno de ellos, de forma no sé si cínica o divertida, me pidió que las dos de la tarde con 35 minutos del día siguiente le pusiera “Melodía Desencadenada” -sí, aquel clásico de los Righteous Brothers-.
Un poco más adelante, ya por el Estadio Azteca, me quitaron los zapatos, me el cinturón y la cartera mientras me dejaban en la calle
Fue uno de esos famosos Secuestros Express que, en este caso, habrá durado unas tres, cuatro horas.
Pedí a una patrulla que si me podía dejar en Tlalpan 3000. La patrulla dijo que no podía porque no era su sector
Al día siguiente, conté la historia al aire y le puse su canción al secuestrador.
En otras dos ocasiones fue tal vez un poco más rápido, pero también un poco más violento tanto de lado de los secuestradores Express como también de mi parte.Recuerdo que la última ocasión aún con la pistola en el estómago les dije “ya sé lo que quieren, ya sé la historia, vamos al cajero, no tengo mucho dinero” y ahí acabó el asunto.
Si quieren yo fui uno de aquellos casos en donde no pasó más allá del desfalco electrónico y de la travesía por horas dentro de las calles de la capital, otros no tuvieron tanta suerte.
Los más afortunados terminaron yéndose del país después del intento los intentos de secuestro que se daban en México hace 20, 25 años.
Otros más terminaron sin orejas, sin dedos, sin lengua, sin posibilidades de recuperarse de un episodio tan terrible como lo es la retención ilegal de un individuo.
Otros, ni siquiera lo contaron: fueron asesinados.
Por eso, el caso Vallarta sigue teniendo múltiples aristas, más aún cuando pareciera que Israel Vallarta no está buscando la limpieza de su nombre, sino la venganza de otro tipo, incluida la aparición de su esposa que, de manera peculiar, hizo todo un espectáculo en el noticiero de Ciro Gómez Leyva hace apenas unas horas.
La pareja de Vallarta, con una muy mala selección de escenografía, decidió aventarle unos cuantos billetes sin recordar que los secuestradores siempre se les relaciona con dinero en efectivo para el rescate
A las horas del espectáculo con gomez Leyva, Manuel Pedrero -uno de los más connotados paleros que existen hoy por hoy en el régimen Obradorista- subió un video mofándose del evento, pero fue tan torpe que dejó los mensajes de cómo se estaban poniendo de acuerdo, a través de WhatsApp, los distintos personajes -tanto los propagandistas como la esposa de Vallarta-
Cierto es que al momento no queda claro que fue lo que pasó con la banda de los zodíaco, también que dos tribunales declararon a Israel Vallarta no culpable con la salvedad de no haber aceptado las pruebas que daban las víctimas, esas que siguen señalando a Israel Vallarta y Florence Cassez como miembros prominentes de esa organización.
Tal vez nunca sabremos lo que realmente sucedió. Pero por respeto a las víctimas que sí existen, Vallarta y Lois propagandistas deberían de dejar el circo a un lado.
Si realmente entienden lo que es un secuestro.