Mover la mano es un acto tan cotidiano que pocas veces pensamos en su complejidad. Sin embargo, para millones de personas en el mundo, realizar este movimiento no es sencillo. La pérdida de movilidad ya sea por lesiones, enfermedades neuromotoras o accidentes, transforma acciones simples en grandes desafíos que afectan directamente la calidad de vida. A partir de esta realidad nació una pregunta clave: ¿puede la tecnología ayudar a devolver el movimiento, aunque sea de forma asistida?
Como estudiante de la carrera de Ingeniería Robótica en la Universidad Politécnica de Tulancingo, y en el marco de un proyecto desarrollado por parte de CITNOVA, se desarrolló una mano robótica controlada mediante visión artificial, diseñada para imitar en tiempo real los movimientos de una mano humana. El sistema funciona a través de la cámara de la computadora, la cual detecta la posición y los gestos de la mano que se muestran frente a la pantalla. Esta información se procesa digitalmente y se envía, mediante conexión WiFi, a un sistema de control que acciona servomotores. Dichos servomotores reproducen los movimientos detectados, logrando que la mano robótica imite la apertura, cierre y postura de los dedos de manera sincronizada.
Uno de los aspectos más relevantes del proyecto es que no requiere guantes ni sensores invasivos. Esto permite que el sistema pueda utilizarse como una herramienta de apoyo en procesos de rehabilitación motriz, donde el paciente puede observar, repetir y entrenar movimientos específicos de la mano y los dedos. La mano robótica puede emplearse para ejercicios de apertura, cierre, coordinación y control fino, ayudando a reforzar la memoria muscular, la repetición terapéutica y el seguimiento del progreso durante la recuperación. De esta manera, la tecnología acompaña al proceso de rehabilitación sin sustituir al paciente, sino complementando la terapia.
Más allá del desarrollo tecnológico, este proyecto busca generar un impacto humano. La mano robótica no pretende reemplazar una extremidad, sino funcionar como un puente entre la intención del movimiento y su ejecución, especialmente en personas que enfrentan limitaciones físicas temporales o permanentes. Este tipo de desarrollos muestran que la ingeniería también es una forma de empatía: una disciplina capaz de traducir una necesidad humana en una solución tangible. La tecnología cobra verdadero valor cuando se pone al servicio de las personas, acercándose a su realidad y contribuyendo a recuperar movimiento, autonomía y dignidad.
Gloria Vera
Estudiante de Ingeniería Robótica