Cultura

El remordimiento revisitado

De mi selección personal sobre los poemas que más me impactan de Jorge Luis Borges he seleccionado seis o siete: “El amenazado”, “Poema de los dones”, “Límites”, los sonetos a “Emerson” y a “Spinoza”, los haikús inclusos en “La cifra” y, por supuesto, el estremecedor soneto “El remordimiento”, escrito por el poeta de Buenos Aires, yo le suelo decir ciego-clarividente, en septiembre de 1975, publicado en el diario La Nación el 21 de aquel mes, y concebido tras la muerte de la madre del autor de “El Aleph”, acaecida el 8 de julio del mismo año.

Como sabemos la madre de Borges fue una excelente traductora del inglés al español y culminó el magistral cuento “La intrusa”. La relación de Jorge Luis con Leonor Rita Acevedo Suárez fue intensa, trabada, edípica en grado superlativo.

El poema ha sido estudiado por los Argos de la crítica universal y es asaz difícil aportar algo distinto a lo ya comentado. Me detengo en el primer cuarteto: He cometido el peor de los pecados/que un hombre puede cometer.

No he sido/ feliz. Que los glaciares del olvido/ me arrastren y me pierdan, despiadados”.En la más alquitarada de las teologías morales el peor de los pecados debe ser, sin duda, no ser feliz. Por eso San Agustín solía decir que “es pecado estar triste”. Y Borges recurre al olvido como al castigo supremo.

El olvido y sus glaciares: el frío de la muerte, obviamente. En el segundo cuarteto aparecen los padres como agentes recomendantes de una misión específica en el tráfago vital: “Mis padres me engendraron para el juego/ arriesgado y hermoso de la vida,/ para la tierra, el agua, el aire, el fuego./ Los defraudé. No fui feliz. Cumplida”.

Debo prolongar la bienandanza del encabalgamiento “no fue su joven voluntad. Mi mente/ se aplicó a las simétricas porfías/del arte, que entreteje naderías”.

Los elementos de Empédocles. El fracaso ante la imposibilidad de cumplir la “joven voluntad”. Joven porque fue un propósito que alimentaron los corazones paternos durante muchísimos años: “El destino militar de mis mayores”. Pero yo me quiero detener en los versos de “las simétricas porfías/del arte que entreteje naderías”.

Se trata de la mejor definición de la palindromía (y que lo diga ya): la matriz verbal simétrica del palíndromo definida por alguien a quien solo se atribuye un jano verbal.

Quizá exaspere a los palindromistas de altos vuelos el remate del verso: “que entreteje naderías”, pero Borges lo aplica al arte en general y pongo énfasis en el afán simétrico.

Los últimos versos del poema más dolorido de Borges son estos: “Me legaron valor. No fui valiente./No me abandona. Siempre está a mi lado/ La sombra de haber sido un desdichado”.

¡Uta!


gilpradogalan@gmail.com

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Gilberto Prado Galán
  • Gilberto Prado Galán
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