México le exige a Estados Unidos evidencias de actos de corrupción. A esto le llama Gilga un acto de extrema audacia. Uff. Repantigado en el mullido sillón del amplísimo estudio, Gil repasaba la colaboración exitosa entre México y Estados Unidos durante la cual decenas de criminales mexicanos fueron capturados y enviados a aquel país, si no una luna de miel, una luna de azúcar blanca. Todo marchaba sobre ruedas hasta que la relación entró en una fase de crisis tras el descubrimiento, de parte de México, de la presencia de agentes de la CIA participando en actividades poco claras en su territorio, Chihuahua, algo prohibido por la ley.
Zedryk Raziel en su periódico El País ha escrito que con este telón de fondo, el embajador estadunidense, Ronald Johnson, hizo una fuerte crítica a México por la corrupción en el país. El diario Los Angeles Times ha publicado que las palabras del representante diplomático se enmarcan en una campaña de Washington en contra de funcionarios corruptos en México.
Y como una centella, la presidenta Sheinbaum ha pedido pruebas de esos señalamientos y ha reclamado a Estados Unidos por no hacer lo correspondiente con su propia corrupción:
“La lucha contra la corrupción le corresponde evidentemente al gobierno de México (…) igual que le corresponde a Estados Unidos por actos de corrupción de sus funcionarios. El tener gobiernos honestos, que no haya corrupción, es algo que le corresponde a cada Estado”, dijo la Presidenta, “Si hay una investigación de alguna fiscalía contra algún servidor público en México, tiene que haber pruebas y evidencias claras”. “Nosotros no vamos a encubrir a nadie que tenga pruebas de corrupción. Y también, en Estados Unidos, tienen que revisar casos”. Sheinbaum ha indicado que México ha solicitado a Washington la extradición de dos empresarios con doble nacionalidad que están involucrados en el fraude del huachicol fiscal, sin que Estados Unidos haya correspondido.
Ofensas, agravios
El embajador Johnson estuvo la semana pasada en Sinaloa en un evento donde se anunciaron inversiones de empresas estadunidenses. El emisario de Washington pidió al gobierno de Sheinbaum certeza, seguridad y un entorno libre de extorsiones para que prosperen los negocios. El llamado se daba en medio de la polémica por la muerte de los dos agentes de la CIA en un accidente de auto en Chihuahua y cuya presencia no se ha aclarado.
Lejos de dar explicaciones, como ha exigido Sheinbaum mediante una nota diplomática, Washington calificó a la mandataria de indiferente por no compadecerse del fallecimiento de los agentes estadunidenses. La Presidenta ha señalado que la cooperación bilateral se debe dar de manera transparente y con respeto a la soberanía. “Nosotros no queremos tener una mala relación con el gobierno de Estados Unidos, pero tienen que respetarnos, igual que los respetamos”.
Aquí entre nous
La cosa se ha puesto al rojo muerto y Gil no puede dejar de pensar en las negociaciones del TMEC. Sheinbaum tiene razón: “La lucha contra la corrupción le corresponde evidentemente al Gobierno de México (…) igual que le corresponde a Estados Unidos por actos de corrupción de sus funcionarios”.
Ahora mal sin bien, evidencias de corrupción en México, pues caramba, van a perdonar a Gil, pero sobran. Lo que sigue entonces es que la Presidenta diga que nuestra corrupción es nuestra y no aceptamos injerencia extranjera: Segalmex es nuestro; nuestro huachicol fiscal, intocable por manos extranjeras; nuestra Barredora en Tabasco nuestro trabajo nos costó.
Por todo esto, Gamés cree que la Presidenta ha sido al menos audaz. Como es obvio, Gilga no cree que en Estados Unidos rija la honestidad, pero diantres: 600 mil millones de pesos huachicoleros, sí están fuera de control. Y se ha castigado a dos contraalmirantes sobrinos del ex secretario de Marina, Ojeda . ¿Ellos dos armaron ese monstruo de corrupción? ¿No faltará un buen grupo de cómplices huachicoleros de buen tamaño? Y qué decir del sospechoso gobernador Rocha Moya, allá en Sinaloa, a quien la Presidenta le levanta el brazo como a los campeones una y otra vez. ¿Y qué hacemos con Américo Villarreal, allá en Tamaulipas?
¿Evidencias?
Todo es muy raro, caracho, como diría Cicerón: “La evidencia es la más decisiva demostración”.
Gil s’en va