Esta semana, el problema del agua sucia salió de las tuberías y llegó a las calles. Vecinos de distintas colonias del Área Metropolitana bloquearon avenidas, interrumpieron la Línea 1 del Tren Ligero y protestaron en diferentes puntos de la ciudad. El reclamo es tan elemental, que indigna: ¡quieren agua limpia! En sus casas, denuncian, reciben agua café, negra, con sedimentos y olores pestilentes. Después de meses de reportes, fotografías, cubetas llenas de agua sucia y familias obligadas a comprar garrafones hasta para bañarse, el problema dejó de ser una molestia doméstica y, finalmente, se convirtió en protesta pública.
Un día después, el gobernador reconoció una “crisis de calidad del agua”, como no se había presentado antes, y anunció una medida extraordinaria. Dejar de utilizar temporalmente el agua que llega por el viejo sistema Chapala–Guadalajara y la presa Las Pintas, aun cuando eso implique sacrificar una parte importante del abastecimiento metropolitano y someter a tandeos durante meses a numerosas colonias.
La decisión sí es técnicamente responsable. Es preferible tener menos agua, que recibir agua cuya calidad enferma. Pero precisamente por eso el anuncio gubernamental produce una conclusión inevitable. El problema era bastante más grave de lo que durante meses se quiso admitir.
Pero aún faltan respuestas. ¿Cuáles son exactamente las descargas irregulares localizadas en el trayecto entre Atequiza, La Calera y Las Pintas, quién las genera y desde cuándo tiene conocimiento de ellas la autoridad? Porque alguien las produce, alguien debe vigilarlas y alguna autoridad tiene facultades para inspeccionarlas, sancionarlas o impedirlas. ¿Qué contienen esas descargas y en qué concentraciones? Decir que existen no alcanza cuando su impacto es suficientemente grave como para retirar del sistema una fuente que aporta una cantidad considerable del agua que consume la ciudad.
De forma que, ¿dónde están los análisis completos del SIAPA sobre el agua cruda y el agua potable de 2024, 2025 y 2026, con fecha, lugar de muestreo y resultados? Una crisis de confianza no se resuelve pidiendo más confianza. Se solventa publicando información. ¿Cuántas muestras del agua que efectivamente llegó a las casas incumplieron la norma sanitaria, y por cuáles parámetros? Una cosa es encontrar contaminación en el agua antes de potabilizarla. Otra muy distinta es encontrarla después.
Además, ¿por qué, si desde 2025 una auditoría interna del propio SIAPA encontró irregularidades en muestras tomadas en tanques y domicilios, las medidas adoptadas no fueron suficientes para evitar llegar hasta aquí? ¿Cuánto de esta crisis corresponde a la contaminación del agua de origen, cuánto a las limitaciones de la vieja Planta Potabilizadora de Miravalle, y cuánto al deterioro de la propia red de distribución?
Si se culpa solamente a Las Pintas, pero existen también problemas de potabilización y recontaminación en tuberías, dentro de seis meses podríamos descubrir que se resolvió una parte del problema, mientras las otras permanecieron intactas. ¿Qué obras estarán realmente terminadas dentro de seis meses, cuánto caudal permitirán recuperar y cuáles serán los indicadores verificables que demostrarán que el agua puede reincorporarse con seguridad?
Una obra no funciona cuando se inaugura, sino cuando resuelve el problema para el que fue construida. ¿Cómo se financiará el nuevo acueducto si simultáneamente se asegura que no habrá aumento de tarifas, nueva deuda ni privatización? Miles de millones de pesos no aparecen por decreto. Alguien aporta el capital, alguien recibe una contraprestación y, finalmente, alguien paga.
El anuncio del gobernador tiene una gran virtud. Derribó la idea de que la ciudad enfrentaba solamente episodios aislados de agua pestilente. Una metrópoli de más de cinco millones de habitantes llegó al extremo de tener que escoger entre cantidad y calidad del agua. Durante los próximos meses tendrá menos agua, porque una parte del sistema de abastecimiento ya no ofrece las condiciones salubres para seguir utilizándose como hasta ahora. Eso describe, ahora sí, la dimensión de la crisis.
Así las cosas, si la ciudad recibirá menos agua durante seis meses, para poder garantizar agua limpia. Entonces, la crisis no comenzó esta semana…