En Jalisco parece más sencillo ponerle precio al futuro que explicar las causas del presente. Mientras miles de hogares abren la llave y reciben agua turbia, maloliente o nada, el Consejo Consultivo del Agua presentó en Casa Jalisco un plan de inversiones por ¡103 mil millones de pesos para los próximos veinte años! Lo que todavía no se ha puesto al alcance de la ciudadanía es un diagnóstico integral, público y verificable que permita saber qué falla y cuánto cuesta corregirlo.
La reunión fue presentada como un diálogo con más de ochenta especialistas y representantes de diversos sectores. Convivieron empresarios, funcionarios, políticos y académicos. Para observarse que no todos esos perfiles suponen conocimiento técnico sobre sistemas hídricos. Confundir ‘representación’ con ‘especialización’ es una manera cómoda de construir una apariencia de consenso. Y mientras la fotografía oficial presume pluralidad, organizaciones que llevan años documentando la crisis, como el Instituto Mexicano para el Desarrollo Comunitario, son excluidas. Una mesa puede estar llena y, aun así, dejar fuera las preguntas indispensables.
Un día después, la presidenta Claudia Sheinbaum anunció una propuesta de inversión federal de hasta 13 mil millones de pesos para atender el abastecimiento de agua en la zona metropolitana. Mientras tanto, en Jalisco se había presentado una proyección de 103 mil millones para los próximos veinte años sin poner a disposición el diagnóstico que justifique semejante cifra. Tampoco se ha explicado con qué metodología se determinaron las obras, cómo se establecieron las prioridades, ni cuánto costaría cada intervención. Lo sorprendente no es solamente la magnitud del presupuesto, sino la precisión de un monto cuya justificación no se conoce. Primero se calculó cuánto gastar, y se dejó para después explicar qué problemas deben resolverse.
Las preguntas son: ¿Cuál es la causa principal del deterioro del agua que reciben los hogares? ¿Cuánto se pierde por fugas, cuánto se explica por tuberías y plantas obsoletas y cuánto por contaminación de las fuentes o de las redes? ¿Cuáles obras son indispensables, cuáles pueden esperar y con qué indicadores se comprobará que mejoró el servicio? No basta prometer infraestructura sin identificar, de manera verificable, qué falla se pretende resolver.
Después, sobre el dinero. ¿Cómo se construyó la estimación de 103 mil millones? ¿Cuánto corresponde a obra nueva, rehabilitación, mantenimiento y operación? ¿Cómo se distribuiría entre abastecimiento doméstico, agricultura, industria, saneamiento y conservación? ¿Quién revisó de manera independiente los estudios, presupuestos y prioridades? Una proyección a veinte años sin costos desagregados, y metas medibles, es una propuesta que debe someterse a escrutinio.
El ‘Consejo’ afirma haber elaborado durante ‘cinco meses’ un documento de unas quinientas páginas, denominado Sistema Institucional de Gestión Estratégica del Agua Jalisco, 2046. Bien. ¿Dónde puede consultarse íntegro, con sus anexos técnicos, cartera de proyectos y metodología de evaluación? Y bien, ¿cuál es el padrón actualizado de integrantes del Consejo?, ¿quiénes lo dirigen y qué intereses económicos podrían tener en el sector? Preguntar por esos vínculos no equivale a acusar a nadie. Equivale a exigir reglas claras antes de tomar decisiones multimillonarias.
También debe saberse quiénes fueron invitados a Casa Jalisco, qué comunidades afectadas estuvieron representadas y quiénes quedaron fuera. ¿Quién integrará la mesa técnica permanente, cómo se adoptarán sus acuerdos y qué atribuciones tendrá? ¿Qué mecanismos de transparencia, prevención de conflictos de interés y evaluación independiente existirán antes de recomendar contratos o financiamiento? La legitimidad de una política no nace de contar sillas, ni de juntar logotipos para un comunicado.
Los ciudadanos no salieron a protestar porque faltara una estrategia con nombre sofisticado, una mesa con ochenta invitados o un comunicado. Salieron porque el agua de sus casas no es potable: es sucia e insalubre. Tal vez, antes de presentar la factura de los próximos veinte años, debería explicarse qué sucede con el agua sucia de hoy. Porque ni las cifras millonarias, ni las fotografías oficiales salen por la llave.