Ya todo estaba pero no todo aparecía. Era ciencia ficción distópica, narrativa futurista o fantasía desbordada. Como el Golem, representaba una metáfora y nada más. Ahora actúa entre nosotros. Las distopías se volvieron realidad.
El manifiesto del gigante tecnológico Palantir recién publicado, 22 tesis provenientes del best seller La República Tecnológica: el poder duro, las convicciones blandas y el futuro de Occidente, escrito por Alexander Karp, CEO de esa sociedad en colaboración con Nicholas W. Zamiska, es un plan para la dominación tecnofascista de Occidente y con ella del mundo en general.
Descrito como los “desvaríos de un supervillano”, el manifiesto se hace público en el momento geopolítico donde surge la multilateralidad y el mundo unipolar hegemónico comienza a resquebrajarse. La solución para salvarlo es la vigilancia total y la concentración del big data en manos de EU, el abandono de los valores humanistas y democráticos y la imposición de los intereses imperiales mediante la violencia directa, el poder unilateral y la dominación tecnológica.
Palantir es una startup nacida en 2003 en Silicon Valley de una inversión de In-Q-Tel, un fondo de capital de riesgo de la CIA, desarrollada por Peter Thiel, su fundador, y dirigida por Alexander Karp. En lo que es descrita como la “galaxia tecnocesarista”, cuya estrategia se resume en transformar el Estado en una filial de su propia infraestructura digital y vaciar la soberanía de su dimensión democrática mediante un “posliberalismo tecnológico”, Palantir ha invertido la relación de fuerzas desde su origen, penetrando organizaciones con contratos iniciales modestos como el de una libra esterlina al NHS inglés durante la pandemia, para acabar imponiendo su “ontología propietaria” de los datos obtenidos y volver imposible cualquier extracción de ellos que no sea la suya.
Palantir es un sistema de vigilancia global de todo (o casi todo) lo que sucede en los países occidentales y más allá. Concentra múltiples bases de datos en un centro único que está integrado al sistema de los servicios secretos occidentales y alimenta las decisiones políticas. Palantir colabora activamente con el Mossad judío, la CIA y el gobierno sionista. A través de su información se ha asesinado a las dirigencias palestinas y se ha tecnificado el genocidio de la población de Gaza, se ha liquidado a los líderes de Hezbolá en el Líbano, a las dirigencias iraníes recientemente y, en cualquier parte que los intereses estadounidenses y sionistas lo exijan, a los opositores al estatus quo occidental. El ilegal secuestro del presidente Maduro fue posibilitado por este Gran Hermano orwelliano que ya está en cualquier parte donde exista un dispositivo (aun apagado), monitoreando lo que la gente hace, escribe y dice.
Un Palantir es una piedra vidente y esférica negra hecha de cristal mágico indestructible que permite mirar a través del tiempo y el espacio, imaginadas por Tolkien en El Señor de los Anillos. Creadas por los Elfos Noidor, su uso requiere una gran fuerza de voluntad porque pueden llevar a quienes las utilizan a la corrupción y la locura o a caer bajo el dominio de voluntades más poderosas. Ya desde 1949, cuando la obra de Tolkien quedó escrita, eran una advertencia sobre el peligro del conocimiento en manos indebidas. Al llamar así a su distópica empresa Thiel no ocultó sus propósitos de control total.
“El liberalismo ha quedado, de hecho, abolido”, afirma Alexander Dugin al glosar el manifiesto de Palantir, sus presuposiciones implícitas y lo que está en ellas. Desde la tolerancia con las desviaciones de las élites y las clases gobernantes hasta el control total de las sociedades para reducir la delincuencia y los flujos migratorios, desde el establecimiento del servicio militar obligatorio hasta el rearme de Alemania y Japón. Es un nuevo fascismo del capitalismo radical, “no un racismo biológico sino cultural y tecnológico”. Un imperio de software de vigilancia masiva y armas autónomas, con la élite ingenieril de Silicon Valley como una nueva aristocracia que convertirá a EU en un poder hegemónico tecnofascista y tecnofeudal impulsado por inteligencia artificial avanzada. El rechazo del “pluralismo vacío y hueco”, el desprecio del “poder blando” (cultural, religioso) ante el “poder duro”, la supremacía de la raza blanca anglosajona, sin diversidad ni intereses colectivos o sociales en común.
Palantir habla sin rodeos de sus planes. Eso significa, como infiere Dugin, “que ya han alcanzado posiciones de poder desde la gobernanza mundial”. Trump y su imperio del caos son una pieza de este ajedrez que él mismo no controla: sólo es “una fase de preparación para Palantir, el verdadero rey”. Ni Thiel, estudiante de Paul Ricoeur, ni Karp, doctorante de Jürgen Habermas, son improvisados. Tampoco el aceleracionismo para el fin de los tiempos que promueven —el manifiesto Palantir es parte de ello— o las exclusivas conferencias sobre el Anticristo que Thiel ha impartido recientemente a unos pasos de El Vaticano.
La distopía ya está aquí. Orwell, Huxley, Wells o Tolkien lo sabían.
AQ / MCB