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Miércoles , 20.02.2019 / 03:34 Hoy

Juego de espejos

A pesar de los pesares

Federico Berrueto

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No pocos se cuestionan sobre la singularidad de los políticos heterodoxos que irrumpen con mucho éxito en el primer lugar del espacio público como Donald Trump, Jair Bolsonaro, Andrés Manuel López Obrador y otros. Guardadas las diferencias, comparten su condición de políticos disruptivos en cuanto a lo que representan, hacen, dicen y movilizan. Son personajes de época, exitosos en la comunicación y con un claro desdén a lo preexistente.

La atención del analista se centra en ellos, son la parte visible del fenómeno político; sin embargo, lo fundamental no son ellos, sino la sociedad que los promueve, impulsa y apoya. Como tal, más que un proceso político es uno de carácter social. La pregunta no solo es ¿por qué su irrupción en el escenario político?, sino también ¿qué sociedad es la que hace posible que esto ocurra?

Lo que acontece en México no guarda paralelo en ningún momento de su historia lejana o reciente. Andrés Manuel es un personaje singular en extremo, con la capacidad excepcional de crear realidades políticas (Aguilar Camín dixit). López Obrador no es un presidente historiador, es un político que recurre, a su modo, al pasado para recrear un entorno que predispone a la sociedad hacia una transformación profunda, igualmente a su modo.

Las condiciones de eficacia de su proyecto conllevan una actitud anti-institucional y, consecuentemente, un calculado y selectivo desdén a la legalidad. Su protagonismo tiene sustento en la misma sociedad a la que convoca y moviliza que en realidad no es actor, sino sujeto del proceso que impulsa y promueve. No hay marcha atrás, al contrario, se reitera y ratifica en lo que hace porque su tarea no es gobernar, sino el activismo político. Su reino no es de este mundo. A los de derecha los contiene la economía; para los de izquierda, el proceso no tiene otro límite que la dinámica del apoyo popular.

Una manera de ilustrar la paradoja del gobernante sometido a la condición de activista social es el inédito protagonismo mediático del presidente López Obrador y la manera como se desentiende de las reglas básicas de responsabilidad y mesura políticas. Las palabras son armas para la causa, no herramientas para gobernar.

El martes, la secretaria de Gobernación echaba en cara a Reforma que lo publicado ese día respecto a su declaración patrimonial no la hubiere contactado antes para aclarar, en su impresión una artera asonada mediática. ¿Qué es lo que hace recurrentemente el jefe de la ministra Sánchez Cordero? Acusa desde la privilegiada investidura que ostenta a particulares sin consultarles para que expresen lo que a su interés convenga.

Este próximo lunes, en la comparecencia diaria del Presidente ante los medios, el director de la CFE presentará ante el tribunal mediático a los responsables del saqueo de la paraestatal. Al menos en este caso se esperaría, por los antecedentes profesionales del funcionario, que hiciera el señalamiento acompañado de una denuncia formal o si es un simple ejercicio mediático como el de su jefe, al menos darles a los balconeados la oportunidad que la secretaria de Gobernación exigió de Reforma.

Todo esto acontece con un extraordinario aval social al Presidente. Las cifras de la economía no son buenas, tampoco las de la seguridad y la opinión técnica es descalificada de manera grosera y ligera. Lo mismo ocurre con cualquier postura crítica. Donald Trump ha sido muy hostil a los medios críticos descalificándolos en su calidad y veracidad informativas; lo mismo ocurre con López Obrador al adjetivarlos como conservadores o equipararlos a los golpistas de la época de Madero. Nuevamente, lo extraordinario no es el personaje, sino la sociedad que les lleva al poder y que hace que se mantengan con un elevado consenso a pesar de los pesares.


fberrueto@gmail.com

@berrueto



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