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Domingo , 19.05.2019 / 16:11 Hoy

Columna de Fabián Medina

La crisis de las drogas sintéticas: los controles

Fabián Medina

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La legalización de la mariguana sigue en el centro del debate sobre los opioides en México a más de una década del inicio de la guerra contra el narcotráfico por parte del gobierno de Felipe Calderón. La obsesión por establecer controles sobre su consumo parece ser un detractor, que deja de lado una crisis global que va más allá del cannabis y que es mucho más grave: el consumo de drogas sintéticas, en particular del fentanilo. Esto requiere de un examen más preciso sobre qué controles hacen falta y cuáles parecen sobrar para prevenir y reducir los daños por la producción, comercio y consumo de este tipo de estupefacientes.

El fentanilo es un opioide sintético que la compañía belga Janssen Pharmaceutical puso en el mercado en 1959 como un anestésico para cirugías, pero que se ha vuelto sumamente popular en los últimos cinco años. La Administración para el Control de Drogas (DEA, por sus siglas en inglés) en Estados Unidos detectó en 2014 un aumento drástico de los reportes de confiscación de fentalino que entraba a ese país. En un año se quintuplicaron los reportes de fentanilo que ingresaba por tierra, mar o aire a territorio estadunidense. Los dos países que más contribuyen a importar la droga son China y México. Si bien el pasado 1o de abril el presidente chino, Xi Jinping, confirmó que prohibiría todo fármaco derivado del fentanilo, deben considerarse los alcances y límites de los controles hacia esta droga, si es que se desea instrumentar una política efectiva al respecto.

El primer control que sobra es la prohibición total del fentanilo y las drogas análogas. El sector farmacéutico y la industria química en China –cuyo auge y expansión tuvo lugar en la década de los 90– cuentan con pocas regulaciones para el volumen de su producción. Aun si se clausuraran todos los laboratorios que producen el opioide sintético, la cantidad de laboratorios clandestinos que surgen fuera de la supervisión del gobierno chino sería un reto casi imposible de controlar. México, el segundo productor más importante de fentanilo para el mercado estadunidense, enfrentó un aumento de 700% de casos de aseguramiento de esta droga entre 2015 y 2017: tan solo dos años tomó la transnacionalización del fentanilo entre China y los puertos mexicanos–principalmente Lázaro Cárdenas, en Michoacán, y Manzanillo, en Colima.

El segundo control superfluo es el aumento de sanciones económicas que el Senado estadunidense pretende imponer a China. La amenaza de bloquear el acceso a empresas farmacéuticas y químicas chinas que exportan productos con el compuesto, deja fuera al mercado negro y la posibilidad de compraventa entre particulares. Es preciso mencionar que la producción de fentanilo es mucho más barata que otras drogas sintéticas. Cualquier persona que cuente con conocimientos sólidos de química puede producir variantes de esta droga. La prohibición del gobierno chino y las sanciones del gobierno de EU se dirigen hacia el fentanilo y sus derivados, pero no a sus compuestos precursores.

Ahora, el primer control que falta es justamente sobre los precursores químicos en México y China. En ambos países hay poco seguimiento de los gobiernos locales sobre las empresas y plantas químicas. Bryce Pardo y Peter Reuter explican que en China hay más de 500 empresas manufactureras que pueden producir dos millones de toneladas de ingredientes farmacéuticos activos. Un análisis de 2007 realizado por el Departamento de Estado en Estados Unidos encontró que más de 50% de las manufactureras no tenía certificado para producir estos ingredientes activos, pero que así se vendían en China y el resto del mundo. La producción sobrepasó las capacidades del gobierno chino y no hay suficientes supervisiones al año para aplicar las regulaciones adecuadas.

Debido a que este opioide se sintetiza de la amapola, en México, la iniciativa para legalizar el cultivo, producción y comercialización de esta con fines medicinales y científicos deberá considerar inspecciones constantes a los laboratorios que manufacturen derivados de esta planta. Si bien la Fiscalía General de la República informó que buscará colaborar con la industria farmacéutica para desarrollar políticas más eficaces para el control de drogas, se carece todavía de un control estricto sobre la falsificación de fármacos genéricos o de marca –método por el cual el fentanilo llega desde China a Estados Unidos, y que puede volverse otra forma de comercio desde México.

El segundo control necesario es el rastreo y monitoreo conjunto entre China, México y Estados Unidos, en vez de dejar el trabajo únicamente a los países productores. Un efecto colateral del exceso de producción de heroína y la competencia con otras drogas sintéticas mucho más baratas –como el fentanilo– en el mercado estadunidense, ha sido la caída de los precios de la producción de amapola en México. Esta circunstancia ha incrementado la pauperización de la gente que trabaja en la agricultura controlada por el narcotráfico. A diferencia de otras drogas sintéticas, el fentanilo no demanda grandes terrenos, extensos plantíos o grandes laboratorios.

El reto es mayor: no se requieren grandes cárteles que controlen la cadena de producción y distribución. Su venta como fármacos falsos en línea permite a cualquier persona dedicada a la química iniciar su propio negocio, y también facilita la compra en línea por parte de consumidores estadunidenses. No obstante, las grandes ganancias netas de los cárteles del narcotráfico en México por vender esta droga lo convierten en un negocio muy lucrativo. Según un reporte publicado por el Wilson Center e InSight Crime de febrero de 2019, los cárteles de Jalisco Nueva Generación y de Sinaloa mantienen el control del transporte de la droga a Estados Unidos.

Declaraciones de la DEA explican que estos cárteles tienen contactos en China y Japón, y que su especialización en tráfico de metanfetaminas facilita el acceso a rutas que ya tienen trazadas desde tiempo atrás. Por lo anterior, es imprescindible acelerar la transnacionalización del problema e impulsar la cooperación internacional para enfrentar este desafío, que revela la complejidad del tráfico internacional de drogas.

* Jefe de oficina de Marcelo Ebrard

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