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Miércoles , 20.03.2019 / 12:55 Hoy

Columna de Esteban Garaiz

Como Venezuela o como Noruega

Esteban Garaiz

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A Jaime Avilés, fraternamente

La tragedia de México es que tenemos 35 años prianísticamente petrolizados como Venezuela. Si el gobierno federal, o sea el presupuesto federal está desfondado desde 2015, y endeudado hasta el siglo XXII por el derrumbe de los precios internacionales del crudo, y si tenemos al pueblo furioso y de “mal humor social” por el gasolinazo, es por estar petrolizados como Venezuela. ¿Por el “populismo autoritario”?

No estamos guardando el Fondo Petrolero para las futuras generaciones ni cobrando impuestos progresivos a los grandes consorcios, como lo hacen en Noruega, al estilo socialdemócrata.

Todos nuestros respetos para los hermanos venezolanos. Todo nuestro reconocimiento para los grandes logros sociales de la revolución venezolana en abatimiento de la pobreza y la marginación, y en haber reducido de manera impactante la mortalidad infantil, el analfabetismo, la desnutrición de su pueblo, en los últimos 10 años. Ya quisiéramos aquí.

No hablamos de eso. Hablamos de petrolización del presupuesto gubernamental: en Venezuela y en México. No en Noruega.

Venezuela, Noruega y México son países petroleros: los tres tienen reservas y producción de crudo temporalmente superior a las necesidades de su estructura económica interna. En el caso de México cada día es menos cierto esto.

Los tres países exportan petróleo en crudo. En Venezuela no han logrado la autosuficiencia alimentaria. Ahí tienen uno de los más serios riesgos a su seguridad nacional.

En México hemos ido peligrosamente para atrás en nuestra seguridad alimentaria en estos últimos años. Con el TLC hemos puesto la seguridad alimentaria mexicana en decisiones ajenas fuera de nuestro control. Como diría Videgaray: en “factores externos”.

En Noruega ha prevalecido la prudencia. El poder público se financia sólidamente de su propio mercado nacional con el criterio de los impuestos progresivos. Ahí se recauda proporcionalmente 4 veces más que en México: 48 por ciento sobre PIB (y aquí 12 a lo más) y también se cobra a quien se debe cobrar.

En Noruega no hay “regímenes especiales” para que los grandes grandes no paguen impuestos. Esa es la gran diferencia: un Estado fuerte, no obeso, que tiene con qué hacer frente a todas sus obligaciones públicas; o sea todos los derechos de todos los ciudadanos y habitantes.

Venezuela tiene gasolina de sobra; y además surte de crudo a Estados Unidos; y también a las refinerías cubanas, a cambio de médicos, enfermeras y maestros cubanos, que han sido uno de los elementos importantes del avance social de los últimos años, reconocido y documentado por la UNESCO y por la Organización Mundial de la Salud.

Pero Venezuela tiene también su ordeña. Que está en la vecina Colombia. En Venezuela no hay gasolinazo. Todo lo contrario: la gasolina en Venezuela es la más barata del mundo. Tanto que el contrabando de gasolina venezolana hacia Colombia tiene proporciones descomunales; y de raíces mafiosas binacionales, que tienen muchos puntos de semejanza y comparación con la ordeña de por acá.

En Noruega hay suficiente gasolina. Pero lo más importante es que tiene un transporte público eficaz, puntual, limpio, no ruidoso y sí confiable; y así el consumo de gasolina por persona es reducido.

México tenía en 1982, antes de que la Nación torciera el rumbo, suficiente gasolina para garantizar la movilidad nacional, con las 7 refinerías de propiedad pública de Pemex. Quedan funcionando bien 6 refinerías, la última de 1979. La movilidad se ha duplicado.

Este año estamos importando por necesidad prefabricada el 70 por ciento de la gasolina que requiere la movilidad nacional con una reserva de garantía de 5 días; o sea: severa vulnerabilidad.

El candidato puntero para 2018 propone, basado en el Nuevo Proyecto Alternativo de Nación publicado en 2011, reconfigurar las actuales refinerías para lograr garantizar en el corto plazo hasta un 70 por ciento de la necesidad diaria; y construir 2 nuevas refinerías cerca de la materia prima, para asegurar así el uso diario.

Y, por cierto, el Congreso de la Unión de mayoría prianista sigue sin proponerse la radical modificación fiscal que resulta urgente llevar a cabo en la Ley Federal de Ingresos 2017, para lo que resta del año (y en lo sucesivo) y que intente solucionar el pavoroso boquete presupuestal, que ha lanzado la deuda pública total a dimensiones espeluznantes, por la irreflexiva imprevisión ante los “factores externos”. Que quieren remediar con el gasolinazo.

Los lectores juzgarán. Los ciudadanos decidiremos dentro de un año: los privilegiados que aprendieron civismo y que tenían claro lo caro que es vender su voto.

P.D. Cabe una tercera comparación: sería histórica. Qué pasó en el Distrito Federal en 2000-2005.

www.estebangaraiz.org

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