La historia de Juanito Pistolas, un chico de 16 años que terminó muerto y divulgado en una terrible foto viral tras una balacera entre bandas criminales, en Nuevo Laredo, merece especial atención, sobre todo porque el discurso presidencial apunta hacia una realidad que merma en la politización: los ninis.
Este chico fue reclutado, como otros tantos NIÑOS, a la edad de 13 años.
Portaba armas de alto calibre, bebía cerveza, quizá consumía drogas, tenía corridos y raps matones, y perdió la cabeza... literal.
¿Cómo llega un niño a este punto?
La doble moral diría que la narcocultura, lo cual me parece una de las ideas más estúpidas del ciberespacio, debido a que el consumismo está basado en la realidad, es decir, quitar las narco novelas, narco series, y narco canciones, no evitará que vivamos nuestra narco realidad.
Entonces el punto es que hablamos de ninis, de los efectos del abandono familiar o familias disfuncionales y de la crisis de identidad social, más allá del tema de la seguridad nacional como asistencia política o judicial.
Me pregunté cuando vi la foto, ¿qué cualidades tendría Juanito que no fuera beber cerveza y apretar el gatillo de un metralleta corta?
¿En qué habría soñado antes de saber que el crimen le daba acceso directo a las drogas, sexo y violencia?
Me pregunto, ¿que soñó, mucho antes, cuando fuera grande? ¿Pensaría en ser bombero, policía, músico, doctor, futbolista?
Me gustaría saber cuándo decidió que no le gustaba la escuela o que “no salió bueno para estudiar”; es decir, dónde perdió la infancia.
¿Cuántos Juanitos más están en ese limbo social y son potencial carne de cañón del crimen organizado?
Como escribía en la columna pasada, el sistema social y educativo debe dejar de guiarse por la meritocracia infantil, y enfocarse en estándares cualitativos y psicológicos, con una profunda base de datos que identifique desde los programas sociales y desde las listas educativas qué está pasando con cada niño que deserta.
Coincido con el Presidente en que “nini” es un término equivocado, más que despectivo, porque son víctimas de una sociedad inequitativa, de un sistema insensible y omiso, y que ambos en su falso y vulgar clasismo, nos convierten en cómplices de la barbarie.