Un discurso es memorable en proporción a la facultad para comunicar sus ideas con artificio y sutileza. Hay libros que son ya una tradición literaria y motivan que nuestra opinión acerca de quien imita resulte despectiva. Preferimos lo original antes que alguien remedando.
El texto, además de elocuencia, exige técnica que su autor va ajustando con diarquía. El escritor a consciencia y por vocación se equipara al artesano. “Si le dedicaron mucho cuidado a la construcción de un pájaro, fue para que él pudiese volar”, afirma Roberto Calasso.
Georges Perec (1936-1982) escribió el palíndromo con mayor extensión hasta ahora e inicia con: “Trace l’ inegal palindrome (…) ne mord ni la plage ni l’ écart". Sin embargo, adquiere fama cuando publica Me acuerdo (editorial Impedimenta, Je me souviens, en lengua original), frase deliberadamente subrayada que considera al pasado como presente. Devuelve momentos.
Lo erudito en Perec: una confesión íntima de sabiduría que por el lenguaje simple es universal. Si cualquier hecho que nombra jamás hubiese ocurrido en realidad, se abstendría de contar. Cada suceso significa conjuntamente y (escribe Alberto Szpunberg) “de tal ligereza nace el empeño de desmentir la gravedad del mundo” donde habita.
El intento de reproducir o utilizar de inspiración este formato parece infructuoso, porque la originalidad niega imitaciones. Conviene que el lector asuma que un escritor (excepto que admita lo opuesto) no debe ser único, sí ingenioso. No debe ser irrebatible, sí novedoso sobre lo que reinterpreta. Tampoco debe ser preciso, sí veraz.
Sencillamente Perec narra lo que recuerda para evitar olvidarlo. Lleva a cabo un ingenioso inventario personal por la historia constituida de datos, revive otro tiempo que quizá fue mejor. Tiene buena memoria.
@erandicerbon