Establecemos lo que “importa” dependiendo del valor que algo o alguien tenga en nuestra vida; determinarlo a veces parece innecesario, otras imprescindible, pero acorde a ello vamos fabricando certezas, asumiendo posturas, forjando convicciones, adquiriendo virtudes. Asumirse como un animal racional exige que la lógica nunca viole el código histórico del sentido común, o sea, que la experiencia vaya indicando que sí y que no hacer.
Más allá de la figura que representan o de la difícil doctrina que predican ilustres personajes, interesa lo “íntimo” de ellos. ¿Por qué hablar acerca de Immanuel Kant (Königsberg, 1724-1804)? Porque la manera tan racional en que predicaba adentro del aula era coherente al ejemplo que daba afuera de ella y repasar neurosis ajenas ayuda a dirimir propias. Hay preocupaciones extraliterarias que nos conciernen como lo anecdótico y curioso. Pilar Bonet publicó meses atrás en El País un artículo titulado: “Ni Kant se salva de la furia nacionalista rusa”. En una coyuntura donde esta nación gobierna como potencia, quisiera indagar sobre los rasgos que podrían haberlo condenado.
James Boswell visita al profesor Kant (La Uña Rota Ediciones) es una anécdota que explica el carácter del filósofo en una sola palabra: ordenado. Tanto así que los trabajos productos del funcionamiento sistemático constituyeron un almanaque del pensamiento más estructurado para los clásicos y una pauta a seguir. James Boswell (Edimburgo, 1740-Londres, 1795) inventó la biografía de Kant tal cual la conocemos; lo que catalogan de geniales “entrevistas” refieren a una capacidad narrativa que traduce en la calidad prosística con que retrata también a Samuel Johnson, Voltaire, Rousseau y David Hume.
Kant puso su obra a disposición de lo que llamó “formas de sensibilidad”: intuiciones que no apreciamos cuanto ofrecen en el espacio y el tiempo, y que sin comprenderlas logran sujetarnos. ¿Para qué recorrer uno mismo el camino que han transitado ya varios en el terreno de las posibilidades? ¿Cómo no agradecerle a Kant y a tantos que escribieran aun sin saber para quién? Las bases documentales son el opúsculo de varios libros. Sus últimos días, Thomas de Quincey los relata calificándolos de seniles y de excéntricos.
Política, moral y derecho, la trinidad que Kant sacralizó gracias al temperamento meticuloso que consistía, según Oswald Külpe, en levantarse a las cinco de la mañana, dar sus lecciones (…) paseos diarios, con tal puntualidad, que los vecinos pusieran en hora sus relojes cuando salía (…) luego meditaba y leía. A las diez se acostaba. Le molestaban las interrupciones de esta distribución del tiempo, aunque fueran inevitables (…). Jamás salió de los estrechos términos de su ciudad natal y aun así conoció el mundo entero.